Las Mil y Una Noches (Anónimo) - pág.251
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Y pegó los labios a aquellos pies tan maravillosos, que le parecieron dulces como la leche y tiernos como la manteca. Y Ghanem gritó enloquecido: «¡Oh dueña mía! ¡Ten piedad de este esclavo tuyo, vencido por tus ojos! Desde que viniste he perdido la tranquilidad.» Y sintió que las lágrimas bañaban sus ojos. Entonces la joven contestó: «¡Por Alah! ¡Oh dueño mío, oh luz de mis ojos! Te quiero con toda el alma! Pero sabe que nunca podré satisfacerte.» Y Ghanem exclamó: «¿Y quién te lo impide?» Y ella dijo: «Esta noche te explicaré el motivo, y entonces me disculparás.» Pero al hablar así, se dejó caer a su lado, y le echó los brazos al cuello, y le dio millares de besos. Y la joven nada dijo respecto a la causa.
Siguieron haciendo las mismas cosas todos los días y todas las noches durante un mes. Y su amor aumentaba. Pero cierta noche entre las noches, Ghanem descubrió entre las ropas de su amada una cinta, y le pidió permiso para verla.
Y ella tomó aquella cinta y se la presentó diciendo: «Leed las palabras escritas.» Ghanem tomó la cinta y en la trama vio bordadas unas letras de oro que decían: «¡SOY TUYA Y TÚ ERES MÍO, DESCENDIENTE DEL TÍO DEL PROFETA!»
Y al leer estas palabras bordadas con letras de oró en el extremo de la cinta, dijo: «Explícame . qué significa. todo, esto.»
Y la joven dijo:
«Sabe, ¡oh mi señor! que soy la favorita del califa Harún Al-Rachid. Las palabras escritas en la cinta prueban que pertenezco al Emir de los Creyentes, al cual debo reservar el sabor de mis labios y el misterio de mi carne. Me llamo Kuat Al-Kulub, y desde mi infancia me criaron en el palacio del califa. Llegué a ser tan hermosa, que el califa se fijó en mí y comprobó mis perfecciones, debidas a la generosidad del Señor. Y le impresionó tanta mi belleza, que sintió un gran amor hacia mí, y me destinó un aposento en palacio para mí sola, poniendo a mis órdenes diez esclavas muy simpáticas y serviciales. Y me regaló todas las alhajas y joyas con que me encontraste en el cajón. Y me prefirió a todas las mujeres de palacio, y hasta olvidó a su esposa El Sett-Zobeida. Así es que Sett-Zobeida me tomó un odio inmenso.
Habiéndose ausentado un día el califa para luchar con uno de sus lugartenientes que se había rebelado, se aprovechó de ello Zobeida para combinar un plan contra mí. Sobornó a una de mis doncella, y llamándola un día a sus habitaciones le dijo: «Cuando tu señora Kuat Al-Kulub esté durmiendo, le pondrás en la boca este pedazo de banj, después de haberle echado otra dosis en la bebida. Si lo haces te recompensaré y te daré la libertad y muchas riquezas.» Y la esclava, que antes lo había sido de Zobeida, contestó: «Lo haré porque la adhesión que te tengo es tan grande como mi cariño.» Y muy alegre por la recompensa que la aguardaba, vino a mi aposento y me dio una bebida compuesta con banj.
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