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Las Mil y Una Noches (Anónimo) - pág.250

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Página 250 de 443


Lo llevó a su casa, puso la fruta en grandes copas de porcelana y las flores en preciosos jarrones, y todo lo colocó delante de la joven. Entonces ésta le sonrió, y se arrimó mucho a él, y le echó los brazos al cuello, le besó y le hizo mil caricias, y le dijo frases llenas de cariño. Y Ghanem sintió que el amor penetraba cada vez mas en su cuerpo y en su corazón. Después ambos se dedicaron a comer y beber, y se amaron, por ser los dos de la misma edad y de igual belleza. Cuando llegó la noche, se levantó Ghanem y encendió lámparas y candelabros, pero más que la luz de las bujías iluminaba la sala el esplendor de sus rostros. Luego trajo instrumentos músicos, y fue a sentarse al lado de la joven, y siguió bebiendo y jugando con ella juegos muy agradables, riendo muy dichoso y cantando canciones apasionadas y versos inspirados. Y así fue aumentando la pasión que se tenían. ¡Bendito y glorificado sea Aquel que une los corazones y junta a los enamorados!
Y no cesaron los juegos hasta que aparecio la aurora, y como el sueño había acabado por pesar sobre sus párpados, se durmieron.
Apenas se despertó Ghenam, corrió al zoco para comprar viandas, legumbres, frutas, flores y vinos, todo lo necesario para pasar el día. Lo llevó a casa, se sentó al lado dela joven y se pusieron a comer muy a gusto, hasta saciarse. Después llevó Ghanem bebidas, y empezaron a beber, hasta que se colorearon sus mejillas y sus ojos se pusieran más negros y brillantes. Entonces el alma de Ghanem deseó besar a la joven. Y le dijo: «¡Oh soberana mía! Permíteme que te bese para que refresque el fuego de mis entrañas.» Y ella contestó: «¡Oh Ghanem! aguarda a que esté ebria, pues entonces no me daré cuenta de lo que hagan tus labios.»
Al verla así, meció el deseo de Ghanem y por la misma dificultad con que tropezaba, sintió que los deseos se desbordaban en su corazón, y acompañándose con el laúd, cantó estas estrofas:

¡Imploré un beso de su boca; de su boca, tormento de mi corazón; un beso que curase mi enfermedad!
Y me dijo: «¡Oh, no! ¡Eso nunca!» Y me dije: «¡Pues ha, de ser!»
Y ella contestó: «¡Un beso! ¡Eso ha de darse voluntariamente! ¿Me darías a la fuerza un beso en mis labios sonrientes?»
Y le dije: «¡No creas que un beso dada a la fuerza carece de voluptuosidad!» Y me respondió: «¡Un beso a la fuerza no sabe bien más que en la boca de las pastoras de las montañas!»

Y después que hubo cantado, sintió Ghanem que aumentaba su locura, y el fuego de sus entrañas. Y la joven nada le concedía, aunque no dejaba de expresarle que compartía su pasión. Y así siguieron hasta que se hizo de noche. Por fin, Ghanem se levantó y encendió las lámparas, alumbrando espléndidamente el salón, y fue a echarse a los pies de la joven.


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