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Las Mil y Una Noches (Anónimo) - pág.244

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Y me dijeron: ¡Oh Kafur! Ve delante de nosotras para enseñarnos el camino. Llévanos al sitio en que tu amo quedó sepultado bajo los escombros. Porque hemos de colocar su cadáver en el féretro, llevarlo a casa y celebrar los debidos funerales.» Y yo eché a andar delante de ellas, gritando: ¡Oh mi pobre amo»´ Y todo el mundo nos seguía. Y las mujeres, llevaban descubierto el rostro y la cabellera desmelenada. Y todas gemías y gritaban, llenas de desesperación. Poco a poco se aumentó la comitiva con todos los vecinos de las calles que atravesábamos, hombres, mujeres, niños, muchachas y viejas. Y todos se golpeaban la cara y lloraban desesperadamente. Y yo me divertía haciéndoles dar la vuelta a la ciudad y atravesar todas las calles, y los transeúntes preguntaban la causa de todo aquello y se les contaba lo que me habían oído decir, y entonces clamaban: «¡No hay fuerza ni poder más que en Alah, Altísimo, Omnipotente!»
Y alguien aconsejó a mi ama que fuese a casa de walí y le refiriese lo ocurrido. Y todos marcharon a casa del walí, mientras que yo pretextaba que me iba al jardín en cuyas ruinas estaba sepultado mi amo.»
En este momento de su narración, Schahrazada vio aparecerla mañana y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGó LA 39a NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber; ¡oh rey afortunado! que el eunuco Kafur prosiguió de este modo el relato de su historia:
«Entonces corrí al jardín, mientras que las mujeres y todos los demás se dirigían a casa del walí para contarle lo ocurrido. Y el walí se levantó y montó a caballo, llevando consigo peones que iban cargados de herramientas, sacos y canastos, y todo el mundo emprendió el camino del jardín siguiendo las indicaciones que yo había suministrado.
Y yo me cubrí de tierra la cabeza, empecé a golpearme la cara y llegué al jardín gritando: «¡Ay mi pobre ama! ¡Ay mis pobres amitas! ¡Ay! ¡Desdichados de todos nosotros!» Y así me presenté entre los comensales. Cuando mi amo me vio de aquella manera, cubierta la cabeza de tierra, aporreada la cara y gritando: «¡Ay! ¿Quién me recogerá ahora?, ¿Qué mujer será tan buena para mí como mi pobre ama?», cambió de color, le palideció la tez, y me dijo: «¿Qué te pasa, ¡oh Kafur!? ¿Qué ha ocurrido? Dime.» Y yo lecontesté: «¡Oh amo mío! Cuando me mandaste que fuera a casa a pedirle tal cosa a mi ama, llegué y vi que la casa se había derrumbado, sepultando entre los escombros a mi ama y a sus hijas.» Y mi amo gritó entonces: «¿Pero no se ha podido salvar tu ama?» Y yo dije: «Nadie se ha salvado, y la primera en sucumbir ha sido mi pobre ama.» Y me volvió a preguntar: «¿Pero y la más pequeña de mis hijas tampoco se ha salvado?» Y contesté: «Tampoco.» Y me dijo: ¿Y la mula, la que yo suelo montar, tampoco se ha salvado?» Y dije: «No, ¡oh amo mío! porque las paredes de la casa y las de la cuadra se han derrumbado encima de todo lo que había en la casa, sin excluir a los carneros, los gansos y las gallinas.


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