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Las Mil y Una Noches (Anónimo) - pág.219

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Y nos has hecho pasar amarguras de muerte.» Pero mi hermano dijo: «¡Oh señores! ¿A quién os referís? ¿De qué órdenes habláis?» Y le contestaron: «¿No te ha bastado con haber reducido a la indigencia a todos tus amigos Y al amo de esta casa? ¡Y aún nos querías asesinar! ¿Dónde está el cuchillo con que nos amenazabas ayer?»
Y se pusieron a registrarle, encontrándole el cuchillo con que cortaba el cuero para las suelas. Entonces lo arrojaron al suelo, y le iban a degollar, cuando mi hermano exclamó: «Escuchad, buena gente: no soy ni un ladrón ni tan asesino, pero puedo contares una historia sorprendente, y es mi propia historia. Y ellos, sin hacerle caso, le pisotearan, le golpearon y le destrozaron la ropa. Y al desgarrarle la ropa. vieron en su espalda desnuda las cicatrices de los latigazos que había recibido en otro tiempo. Y exclamaron: «¡Oh miserable! He aquí unas cicatrices que prueban todos tus crimenes pasados.» Y en seguida lo llevaron a presencia del walí, y mi hermano, pensando en todas sus desdichas, se decía: «¡Oh cuán grandes serán mis pecados, cuando así los expío siendo inocente de cuanto me achacan! Pero no tengo más esperanza, que en Alah el Altísimo:»
Y cuando estuvo en presencia del walí, el walí lo miró airadísimo y le dijo: «Miserable desvergonzado; los latigazos con que marcaron tu cuerpo son una prueba sobrada de todas tus anteriores y presentes fechorías.» Y dispuso que le dieran cien palos. Y después lo subieron y ataron a un camello y le pasearon por toda la ciudad, mientras el pregonero gritaba: «He aquí el castigo de quien se mete en casa ajena con intenciones criminales.»
Pero entonces supe todas estas desventuras de mi desgraciado hermano. Me dirigí en seguida en su busca, y lo encontré precisamente cuando lo bajaban desmayado del camello. Y entonces, ¡oh Emir de los Creyentes! cumplí mi deber de traérmelo secretamente a Bagdad, y le he señalado una pensión para que coma y beba tranquilamente hasta el fin de sus días.
Tal es, la, historia del desdichado El-Kuz. En cuanto a mi quinto hermano, su aventura es aún más extraordinaria, y te probará ¡oh Príncipe de los Creyentes! que soy el más cuerdo y el más prudente de mis hermanos.»

HISTORIA DE EL-ASCHAR, QUINTO HERMANO DEL BARBERO

«Este hermano mío, ¡oh Emir de los Creyentes! fue precisamente aquel a quien cortaron la nariz y las orejas. Le llaman El-Aschar porque ostenta un vientre voluminoso como una camella preñada, y también por su semejanza con un caldero grande. Y es muy perezoso durante el día, pero de noche desempeña cualquier comisión, procurándose dinero por toda suerte de medios ilícitos y extraños.
Al morir nuestro padre heredamos cien dracmas de plata cada uno. El-Aschar cogió los cien dracmas que le correspondían, pero, no sabía en qué emplearlos. Y se decidió por último a comprar cristalería para venderla al por menor, prefiriendo este oficio a cualquier otro porque no le obligada a moverse mucho.


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