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Las Mil y Una Noches (Anónimo) - pág.217

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» Pero El-Kuz contestó: «¿Qué afrenta puedes hacerme, maldito viejo de betún? ¿De qué modo me vas a comprometer?» Y el jeique dijo: «Demostraré que vendes carne humana en vez de carnero.» Y mi hermano repuso: «¡Mientes, oh mil veces embustero y mil veces maldito!» Y el jeique dijo: «El embustero y el maldito es quien tiene colgando del gancho de su carnicería un cadaver en vez de un carnero.» Y mi hermano protestó violentamente, y dijo: «¡Perro, hijo de perro! Si pruebas semejante cosa, te entregaré mi sangre y mis bienes.» Y entonces el jeique se volvió hacia la muchedumbre y dijo a voces: «¡Oh vosotros todos, amigos míos! ¿veis a este carnicero? Pues hasta hoy nos ha estado engañando a todos, infringiendo´los preceptos de. nuestro ´ Libro. Porque en vez de matar carneros degüella cada día a un hijo de Adán y nos vende su carne por carne de carnero. Y para convenceros de que digo la verdad, entrad a registrar la tienda.»
Entonces surgió un clamor, y la muchedumbre se precipitó en la tienda de mi hermana El-Kuz, tomandola por asalto. Y a la vista de todos apareció colgado de un gancho el cadáver de un hombre; desollado, preparado y destripado. Y en el tablón de las cabezas de carnero había tres cabezas humanas, desolladas, limpias, y cocidas al horno, para la venta.
Y al ver esto, todos los presentes se lanzaron sobre mi hermanó, gritando: «¡Impío, sacrílego, asesino!» Y la emprendieron con él a palos y a latigazos. Y los más encarnizados contra él y los que más cruelmente le pegaban eran sus parroquianos más antiguos y sus mejores amigos. Y el viejo jeique le dio tan violento puñetazo en un ojo, que se lo saltó sin remedio. Después cogieron el supuesto cadáver degollado, ataron a mi hermano El-Kuz, y todo el mundo, precedido del jeique, se presentó delante del ejecutor de la ley. Y el jeique le dijo: «¡Oh Emir! He aquí que te traemos, para que pague sus crímenes, a este hombre que desde hace mucho tiempo degüella a sus semejantes y vende su carne como si fuese de carnero. No tienes más que dictar sentencia y dar cumplimiento a la justicia de Alah, pues he aquí a todos los testigos.» Y esto fue todo lo que. pasó. Porque el jeique de la blanca barba era un bruja que tenía el poder de aparentar cosas que no lo eran realmente.
En cuanto a mi hermano El-Kuz, por más que se defendió, no quiso oírle el juez, y lo sentenció a recibir quinientos palos. Y le confiscaron todos sus bienes y propiedades, no siendo poca su suerte con ser tan rico, pues de otro modo le habrían condenado a muerte sin remedio. Y además le condenaron a ser desterrado.
Y mi hermano, con un ojo menos, con la espalda llena de golpes y medio muerto, salió de Bagdad camino adelante y sin saber adónde dirigirse, hasta que llegó a una ciudad lejana, desconocida para él, y allí se detuvo, decidido a establecerse en aquella ciudad y ejercer el oficio de remendón, que apenas si necesita otro capital que unas manos hábiles.


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