Las Mil y Una Noches (Anónimo) - pág.151
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Después, sin poder resistir la emoción, se sentó en la alfombra y empezó a reflexionar profundamente. Y es el caso que veía allí mismo, delante de él, sus calzones tal como eran, abombados y con sus pliegues bien hechos, su turbante de Bassra, su ropón, y colgando, los cordones de la bolsa.
Y nuevamente le habló Sett El-Hosn desde el interior del lecho y le dijo: «¿Qué haces, mi querido? ¡Te veo perplejo y tembloroso! ¡Ah! ¡No estabas así al principio!» Entonces, Badreddin, sin levantarse y apretándose la frente con las manos, empezó a abrir y a cerrar la boca, con una risa de loco, y al fin pudo decir: «¿Qué principio? ¿Y de qué noche? ¡Por Alah! ¡Sí hace años y años que me ausenté!»
Entonces Sett El-Hosn le dijo: «¡Oh querido mío! ¡Tranquilízate! ¡Por el nombre de Alah sobre ti y en torno de ti! ¡Traquilízate! Hablo de esta noche que acabas de pasar en mis brazos. Saliste un instante y has tardado cerca de una hora. Pero ya veo que no te encuentras bien: ¡Ven, ojos míos, a que te de calor; ven, alma mía!
Pero Badreddin siguió riendo como un loco, y dijo: «¡Puede que digas la verdad! ¡Es posible qué me haya dormido en el retrete y que haya soñado!» Después añadió: «¡Pero qué sueño tan desagradable! Figúrate que he soñado que era algo así como cocinero o pastelero en la ciudad de Damasco, en Siria, muy lejos de áquí, y que vivía diez años en ese oficio. He soñado también con un muchacho, seguramente hijo de noble, al que acompañaba un eunuco. Y me ocurrió con él tal aventura. ..» Y el pobre Hassán, notando que el sudor le bañaba la frente, fue a enjugarla, pero entonces tentó la huella de la piedra que le había herido, y dio un salto y dijo: «¡Por Alah! ¡Esta es la cicatriz de la pedrada que me tiró aquel muchacho!» Después reflexionó un instante, y añadió: «¡Es efectivamente un sueño! Este golpe es posible que me lo hayas dado tú hace un momento.» Y luego dijo: «Sigo contándote mi sueño. Llegué a Damasco, pero no sé como. Era una mañana, y yo iba como ahora me ves, en camisa y con un gorro blanco: el gorro del jorobado: Y los habitantes no sé qué querían hacer conmigo. Heredé la tienda de un pastelero, un viejecillo muy amable. ¡Pero claro, esto no ha sido un sueño! Porque he preparado un plato de granada que no tenía bastante aroma.... ¿Y después?... ¿Pero he soñado todo esto o ha sido realidad?...»
Entonces Sett El-Hosn exclamó: ¡Querido mío, realmente has soñado cosas muy extrañas! ¡Por favor, prosigue hasta el final!»
Y Hassán Badreddin, interrumpiéndose de cuando en cuando para lanzar exclamaciones, refirió a Sett El Hosn- toda la historia, real o soñada, desde el principio hasta el fin. Y luego añadió: «¡Cuando píenso que por poco me crucifican! ¡Y me hubiesen crucificado si no se disipa oportunamente el sueño! ¡Por Alah! ¡Todavía sudo al acordarme del cajón!»
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