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Las Mil y Una Noches (Anónimo) - pág.135

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Después lo confiaron a las criadas y a la nodriza. Y por su hermosura sorprendente se, llamó Agib.
Pero cuando el admirable Agib llegó, día por día, mes por mes y año por año, a cumplir los siete de su edad, su abuelo el visir Chamseddin le mandó a la escuela de un maestro muy famoso, recomendándoselo mucho a este maestro. Y Agib, acompañado diariamente, del esclavo negro Said, eunuco de su padre, iba a la escuela para regresar a su casa al mediodía y al anochecer. Y así fue a la escuela durante cinco años, hasta cumplir los doce. Pero a todo esto los demás niños de la escuela no podían soportar a Agib, que les pegaba y les insultaba y les decía: «¿Cuál de vosotros puede compararse conmigo? Mi padre es el visir de Egipto.» Al fin se reunieron los niños y fueron a quejarse al maestro contra la conducta de Agib, Y el maestro, al ver que sus exhortaciones al hijo del visir no daban resultado, sin atreverse a despedirle, por ser quien era, dijo a los otros niños: «Os voy a indican una cosa que en cuanto se la digáis le impedirá volver a la escuela. Mañana a la hora del recreo os reuniréis todo en torno de Agib y os diréis los unos a los otros; «¡Por Alahl ¡Vamos a jugar a un juego maravilloso! Pero para jugarlo es preciso que diga en alta voz cada uno su nombre, y el nombre de su padre y de su madre. Pues el que no pueda decir el nombre de su padre y de su madre será considerado como hijo adulterino y no jugará con nosotros.»
Y aquella mañana, cuando Agib hubo llegado a la escuela, todos los niños se reunieron a su alrededor, y uno de ellos dijo: «¡Vamos a jugar a un juego maravilloso! Pero nadie podrá jugar sino con la condición de decir su nombre y los de sus padres ¡Empecemos, uno a uno!» Y les guiñó el ojo.
Entonces avanzó uno de los niños, y dijo: «Me llamo Nahib, mi madre se llama Nahiba y mi padre Izeddin.» Y otro dijo: «Yo me llamo Naguib, mi madre se llama Gamila y mi padre se llama Mustafá.» Y el tercero y el cuarto y los otros se expresaron en la misma forma. Cuando le tocó el turno a Agib, dijo orgullosamente: «Yo soy Agib, mi madre se llama Sett El-Hosn y mi padre se llama Charaseddin, visir de Egipto,»
Pero todos las niños replicaron: «¡No, por Alah! ¡El visir no es tu padre!» Y Agib gritó enfurecido: «¡Alah os confunda! ¡El visir es mi padre;!» Pero los niños comenzaron a reírse y a palmotear, y le volvieron la espalda, gritando: «¡Vete, vete! ¡No sabes cómo se llama tu padre! ¡Chamseddin no es tu padre, sino tu abuelo, el padre de tu madre! ¡No jugarás con nosotros.» Y los niños se desbandaron, riendo a carcajadas.
Entonces Agib, sintió que se le oprimía el pecho y le ahogaban los sollozos.


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