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Las Mil y Una Noches (Anónimo) - pág.132

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Bastante tengo con haber sido la irrisión de todos los invitados, a causa de mi supuesto marido, ese jorobado que no vale ni la recortadura de una uña de mi verdadero esposo de esta noche. ¡Oh qué noche! ¡Cuán llena de delicias junto a mi amado! Basta, pues, de bromas, padre mío. No me hables más del jorobado.» El visir temblaba de coraje escuchando a su hija, y sus ojos estaban azules de furor, y dijo: «¿Qué dices, desdichada? ¿No pasaste aquí la noche con el jorobado?» Y ella contestó: «Por Alah sobre ti, ¡oh padre mío! No me hables más del jorobado. ¡Confúndalo Alah, a él, a su padre, a su madre y a toda su familia! Sabe de una vez que estoy enterada de la superchería que inventaste para defenderme del mal de ojo.» Y dio a su padre todos los pormenores de la boda y de cuanto le había ocurrido aquella noche, añadiendo: «¡Qué bien lo pasé sintiendo en mi regazo a mi adorado esposo, el hermoso joven de exquisitas maneras y espléndidos y negros ojos y de arqueadas cejas!»
Oído esto, gritó el visir: «Pero hija, ¿estás loca? ¿sabes lo que dices? ¿Dónde se halla el joven a quien llantas tu esposo?» Y Sett El-Hosn, respondió: «Ha ido al retrete.» Entonces, el visir, muy alarmado, se precipitó afuera de la habitación, y corriendo hacia el retrete, se encontró al jorobado que seguía inmóvil, con los pies hacia arriba y la cabeza dentro del agujero. Estupefacto hasta más no poder, exclamó el visir: ¿Qué veo? ¿Eres tú, jorobeta?» Y como no le contestase, repitió esta pregunta en voz más alta. Pero el jorobado tampoco quiso contestar, porque seguía aterrado, creyendo que quien le hablaba era el efrit.
En este momento de su narración, Schahrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ LA 22a. NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que Giafar prosiguió así la historia contada al califa Harún AlRachid:
«El cobarde jorobeta, creyendo que le hablaba el efrit, tenía un miedo horrible, y no se atrevía a contestar. Entonces, muy enfurecido, el visir le increpó: «¡Respóndeme, jorobado maldito, o te atravieso con este alfanje!»:Y entonces el jorobado, sin sacar del agujero la cabeza, contestó desde dentro: «¡Por Alah! ¡Oh jefe de los efrits, tenme compasión! Te juro que te he obedecido, sin moverme de aquí en toda la noche.» Al oírle, el visir ya no supo qué pensar, y exclamó: «Pero ¿qué estás diciendo? No soy ningún efrit, sino el padre de la novia,» Y el jorobado, dando un gran suspiro, contestó entonces: «Pues márchate de aquí, que nada tengo que ver contigo. Y vete antes de que aparezca el terrible efrit, arrebatador de almas. Además, te odio, porque tú tienes la culpa de todas mis desdichas, al casarme con la querida de los búfalos, los asnos y los efrits. ¡Malditos seáis tú, tu hija y todos los que obran tan mal como vosotros!» Y el visir le dijo: «Pero ¿estás loco? Sal de ahí, para que escuche bien eso que acabas de contar.


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