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Las Mil y Una Noches (Anónimo) - pág.128

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Y no vuelvas a poner los pies en esta parte del palacio, ni a acercarte al harén, porque te repito que he de aplastarte la cabeza y hundirte en el pozo negro:» Y luego añadió: «Ahora voy a ponerte en una postura, y no te moverás hasta el amanecer:» Entonces el búfalo agarró con los dientes al palafrenero y lo metió de cabeza en el agujero del retrete, sin dejarle fuera más que los pies. Y le repitió: «¡Mucho cuidado con hacer ni un movimiento!» Y desapareció en seguida.
Y esto es todo lo que le acaeció al jorobado.
Por su parte, Hassán Badreddin El-Bassrauí, dejando que se las entendiesen el efrit y el jorobado, atravesó los aposentos particulares y entró en la cámara nupcial, yendo a sentarse en el testero. Y apenas había llegado, apareció la recién casada apoyada en su nodriza, que, se detuvo a la puerta, dejando entrar sólo a Sett El-Hosn: Y sin ver bien al que estaba en el testero, y creyendo hablar con el jorobado, le dijo la vieja: ¡Levántate, héroe valiente, coge a tu esposa y pórtate de una manera brillante! ¡Y ahora, hijos míos, Alah sea con vosotros!» Y la vieja se retiró.
Entonces entró muy desesperada Sett El-Hosn, y se decía: «¡Es preferible la muerte, antes que este jorobado inmundo!» Pero apenas hubo reconocido al maravilloso Badreddin dio un grito de felicidad, y dijo: ¡Oh querido mío! ¡Qué amable fuíste aguardándome tanto tiempo! Pero ¿estas solo? ¡Oh, qué dicha tan grande! Te confieso que al verte en la sala junto a ese odiosa jorobado, creí que os habíais asociado los dos para poseerme:» Badreddin contestó: «¡Oh mi señora! ¡qué pensaste!, ¿Es posible qué te toque ese maldito jorobado? Y ¿cómo íbamos a asociarnos: para tal cosa?» Entonces Sett El-Hosn, preguntó: «Pero en fin, ¿quién de los dos es mi marido: él o tú?» Y Badreddin repuso: «¡Soy yo, querida mía. Se ha inventado esta farsa del jorobado para hacernos reír, y también para librarnos del mal de ojo; pues todas las damas han oído hablar de tu hermosura sin igual, y tu padre alquiló a ese palafrenero, para que conjurase el mal de ojo, gratificándole con diez dinares. Y ahora está en la caballeriza a punto de tragarse a nuestra salud un jarro de leche fresca bien coajada.»
Al oír a Badreddin, Sett El-Hosn llegó al colmo de la alegría, y sonrió gentilmente y rompió a reír más gentilmente aún. Y luego, sin poder contenerse más, exclamó; «´¡Por Alah, querido mío! No esperaba yo una sorpresa tan agradable, y ya me creía condenada a ser infeliz por todos los días de mi vida; pero mi ventura es tanto mayor por cuanto que voy a poseer un hombre digno de mi ternura.»
Y desde aquel instante, sin género de duda, quedó preñada Sett El-Hosn, segun verás en lo que sigue, ¡oh Emir de los Creyentes!
Y Badreddin se tendió al lado de Sett El-Hosn, pasándole con suavidad la mano por debajo de la cabeza, y ella le rodeó también con su brazo, enlazándose ambos estrechamente, y antes de dormirse se recitaron estas estrofas admirables:


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