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Las Mil y Una Noches (Anónimo) - pág.126

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Entonces, Hassán Badreddin, siguiendo las instrucciones del efrit, metió la mano en su bolsillo y la sacó llena de oro, echándoselo a puñados a las servidoras de Sett El-Hosn y a las cantoras y danzarinas, que exclamaron: «¡Ojalá poseas a la novia!» Y Badreddin correspondió con una gentil sonrisa a este deseo y a las felicitaciones.
Y el jorobado se veía, durante esta escena, abandonado de todos; y hallábase solo, más feo que un mico. Y todas las personas que por casualidad se le acercaban, a pasar junto a él apagaban la vela en señal de burla. Y así permaneció algún tiempo, aburriéndose y poniéndose cada, vez de peor humor.
La novia dio la vuelta al salón siete veces consecutivas, vestida cada una de diferente modo, y seguida por todas las damas, y se paraba a cada vuelta delante de Hassán Badreddin El-Bassrauí. Y cada traje nuevo era mucha más hermoso que el anterior, y cada aderezo infinitamente superior a los otros aderezos. Y mientras avanzaba lentamente la novia, las tañedoras hacían maravillas y las cantoras decían las canciones más apasionadamente amorosas y excitantes, y las danzarinas, acompañándose con las panderetas, saltaban como pájaros. Y Hassán Badreddin El-Bassrauí no dejaba de lanzar puñados de oro, esparciéndolo por todo el salón, y las mujeres se precipitaban a recogerlo para tocar algo que hubiera pasado por la mano del joven. Y el jorobado presenciaba todo esto muy desolado. Y su desolación aumentaba cada vez que veía a una de las mujeres volverse hacia Hassán. Y todo el mundo reía. Terminada la séptima vuelta, se acabó la boda, que había durado gran parte de la noche. Y las tañedoras dejaron de pulsar los instrumentos, las danzarinas y las cantoras se detuvieron, pasando con todas las damas por delante de Hassán, besándole la mano o tocándole la orla del traje. Y todo el mundo le miraba al salir, haciéndole entender que no se moviera de aquel sitio. Y en efecto, sólo quedaran en el salón el joven Hassán, el jorobado y la novia con su servidumbre. Entonces las doncellas se levaron a Sett El-Hosn a la estancia destinada a desnudarse, quitáronla uno por uno los vestidos, diciendo al caer cada prenda: «¡En nombre de-Alah!» para librarla del mal de ojo. Y después se fueron, dejándola sola con su vieja nodriza, que antes de conducirla a la cámara nupcial tenía que aguardar que entrase primero el novio jorobado.
Y el jorobado se levantó entonces de la tarima, y advirtiendo que Hassan no se movía de su asiento, le dijo secamente: «En verdad, señor, que nos honraste mucho con tu presencia, colmándonos de beneficios esta noche. Pero ahora, para salir, no esperarás que te echen.» Entonces, el joven, que ignoraba lo que tenia que hacer, contestó; «¡En nombre de Alah!».Y levantándose salió. Pero apenas había franqueado los umbrales de la sala, se le, apareció el efrit y le dijo: «`¿Adónde vas Badreddin? Detente y oye mis instrucciones. El jorobado acaba de marchar al retrete. Allí se las entenderá conmigo.


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