Las Mil y Una Noches (Anónimo) - pág.8
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» La mujer le siguió; el comerciante se encerró con ella y empezó a sacudirla varazos, hasta que ella acabó por decir: «¡Me arrepiento, me arrepiento!» Y besaba las manos y los pies de su marido. Estaba arrepentida de veras. Salieron entonces, y la concurrencia se alegró muchísimo, regocijándose también los parientes. Y todos vivieron muy felices hasta la muerte.»
Dijo. Y cuando Schahrazada, hija del visir, hubo oído este relato, insistió nuevamente en su ruego: Padre, de todos modos quiero que hagas lo que te he pedido.» Entonces el visir, sin replicar nada, mandó que preparasen el ajuar de su hija, y marchó a comunicar la nueva al rey Schahrían
Mientras tanto, Schahrazada decía a su hermana Doniazada: «Te mandaré llamar cuando esté en el palacio, y así que llegues y veas que el rey ha terminado de hablar conmigo, me dirás: «Hermana, cuenta alguna historia maravillosa que nos haga pasar la noche.» Entonces yo narraré cuentos que, si quiere Alah, serán la causa de la emancipación de las hijas de los musulmanes.»
Fue a buscarla después el visir, y se dirigió con ella hacia la morada del rey. El rey se alegró muchísimo al ver a Schahrazada, y preguntó a su padre: «¿Es ésta lo que yo necesito?» Y el visir dijo respetuosamente: «Sí, lo es.»
Pero cuando el rey quiso acercarse a la joven, ésta se echó a llorar. Y el rey le dijo: «¿Qué te pasa?» Y ella contestó: «¡Oh rey poderoso, tengo una hermanita, de la cual quisiera despedirme!» El rey mandó buscar-a la hermana, y vino Doniazada.
Después empezaron a conversar Doniazada dijo entonces a Schahrazada: «¡Hermana, por Alah sobre ti! cuéntanos una historia que nos haga pasar la noche.» Y Schahrazada contestó: «De buena gana, y como un debido homenaje, si es que me lo permite este rey tan generoso, dotado de tan buenas maneras.» El rey, al oir estas palabras, como no tuviese ningún sueño, se prestó de buen grado a escuchar la narración de Schahrazada.
Y Schahrazada, aquella primera noche, empezó su relato con la historia que sigue:
PRIMERA NOCHE
HISTORIA DEI. MERCADER Y EL EFRIT
Schahrazada dijo:
«He llegado a saber, ¡oh rey, afortunado! que hubo un mercader entre los mercaderes, dueño de numerosas riquezas y de negocios comerciales en todos los países.
Un día montó a caballo y salió para ciertas comarcas a las cuales le llamaban sus negocios. Como el calor era sofocante, se sentó debajo de un árbol, y echando mano al saco de provisiones, sacó unos dátiles, y cuando los hubo comido tiró a lo lejos los huesos. Pero de pronto se le apareció un efrit de enorme estatura que, blandiendo una espada, llegó hasta el mercader y le dijo: «Levántate para que yo te mate como has matado a mi hijo.» El mercader repuso: «Pero ¿cómo he matado yo a tu hijo?» Y contestó el efrit: «Al arrojar los huesos, dieron en el pecho a mi hilo y lo mataron.» Entonces dijo el mercader: «Considera ¡oh gran efrit! que no puedo mentir, siendo, como soy, un creyente.
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