Cocos Y Hadas: Cuentos para niñas y niños (Julia de Asensi) - pág.9
Indice General
|
Volver
Página 9 de 37
Pero aun no lo había comido todo cuando Félix se acordó de su
jilguero. El pobre no había tomado nada desde la víspera y al muchacho le
parecía más triste aquella tarde el canto de su pájaro.
-¿Tendrá bastante con esta miga hasta mañana? se preguntó.
No le dio más que la mitad de lo que le había destinado y se comió el
resto, porque él también tenía mucha hambre.
A la mañana siguiente llevó Micaela un pedazo de pan todavía más
pequeño y la lucha que sostuvo Félix para dar a su jilguero una parte de
lo que el debía comerse fue todavía mayor. [20]
-Madre, dijo -y sus ojos se llenaron de lagrimas-, mi jilguero está
triste y se me va a morir.
-Sí, niño mío, contestó Micaela, pero él encontrará alimento mejor
que tú. Déjale en libertad, que en el campo no falta nunca algo que
mantiene a los pájaros. Hay frutas [21] maduras, hay granos de trigo, hay
insectos...
-Pero yo no veré más a mi jilguero, que se olvidará de mí.
-Si prefieres que se muera de hambre...
Aquel día dieron a Micaela un plato de patatas guisadas que ella y su
hijo comieron, pero el pájaro no las quiso probar.
Al llegar la tarde, Félix se asomó llevando en la mano la jaula que
encerraba al jilguero. Le sacó, le dio muchos besos, le puso con cuidado
en la ventana, y sin ver lo que el pájaro hacía, porque el llanto
obscurecía su vista, se metió precipitadamente en su cuarto, sintiendo la
primera pena, para la que no hallaba consuelo. Cuando se calmó un tanto,
volvió a asomarse y vio que el jilguero había desaparecido. [22]
-Ya habrá comido algo, murmuró, al menos él no se morirá de hambre.
Los tiempos malos seguían y en balde buscaba Micaela una colocación.
Ella se contentaba con poco; si tuviese dos o tres duros habría podido
comprar cintas, hilos, botones y otros objetos para venderlos en el pueblo
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
>>>
|