Cocos Y Hadas: Cuentos para niñas y niños (Julia de Asensi) - pág.2
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preciso llevarla a sitios muy concurridos. Si un hombre la miraba, creía
que le iba a robar; si un perro corría a lo lejos, se figuraba que era un
animal desconocido y de colosal altura. Si se despertaba de noche y veía
por la entornada puerta la luz de la lámpara de una habitación próxima,
imaginando que había fuego en la casa, [4] saltaba con precipitación de la
cama pidiendo socorro.
No podía estar sola jamás, ni ir a buscar ningún objeto a otro cuarto
sin que la acompañasen.
En su misma alcoba tenía que dormir una buena mujer que había sido su
nodriza y continuó después al servicio de los padres de Teresa. Quería
tanto a la niña que dormía muy poco para poder vigilar su sueño,
despertarla si le atormentaba alguna pesadilla o acostarla con ella si
estaba desvelada por el miedo. [5]
Habiendo caído enferma la madre de Teresa y no bastando los criados
de la casa para velar por si algo se ofrecía, mientras acompañaban a la
paciente su marido y otras personas de la familia, forzoso fue que la
nodriza entrara también en turno para aquel servicio. Ella se quedaba
vestida junto a la cama de la niña que, sabiendo que estaba allí a su
lado, no tenía cuidado de ningún género.
Una noche, el padre de Teresa llamó desde fuera a la antigua criada,
que se apresuro a salir.
-Hay que ir a la botica, le dijo su amo, se ha concluido una de las
medicinas y dice el doctor que es preciso traer más.
La excelente mujer comprendió que no podía desobedecer aquella orden;
miró a la niña, que dormía con la mayor tranquilidad, se abrigó bien y
salió a la calle para cumplir lo dispuesto por su señor.
-Tardaré poco, se dijo, y en esta momento Teresa no ha de
despertarse, sería muy casual que así fuese.
No había querido cerrar la puerta de la alcoba para no hacer ruido.
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