La conquista del Perú (Pablo Alonso de Avecilla) - pág.42
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derrama tu brillo sublime deidad.
Coro 2º.
Al raudo torrente del fuego divino
se ahuyentan las sombras, y nace el amor;
y el mundo se anima, y crecen las flores,
y viste la selva su hermoso verdor.
Coro 1º.
¡Oh sol que sublime tocando los cielos,
al mundo dominas, y al débil mortal;
tú sabes que puros, sin crimen, tranquilos,
tus hijos adoran tu fuego eternal.
Coro 2º.
El justo bendice tu fúlgida frente,
y mudo en tinieblas el mundo miró;
el triste malvado buscando las sombras,
siguiendo su crimen, tu luz detestó.
Coro 1º.
Antorcha que eterna ardiendo en los cielos,
al mundo prodigas ventura y quietud;
serena luciendo consuela tu pueblo,
no en tristes celajes ocultes tu luz.
Coro 2º.
Si opaco tus iras anuncias al suelo
el piélago muge con hondo furor;
si plácido brillas derramas la calma,
y el mar y la selva respiran amor.
El himno del Sol resonaba por las dilatadas bóvedas, y en tanto el
astro luminoso brillaba ya plácido y sereno sobre el horizonte. Vericochas
[28] seguido de cuatro sacerdotes se adelantó hacia las aras de la deidad
benéfica, y en vajillas de oro, y con pomposas y sencillas ceremonias
ofreció a su Dios hermosos frutos en inocentes sacrificios y el pueblo
doblaba su rodilla, y reinaba el más profundo silencio religioso. El
sacerdote levantó después los ojos melancólicos, y el Sol brillaba en las
bóvedas con plácido reflejo. «¡Oh eterno Dios, exclamó, en un tono
inspirado, tu radiante lumbre colma de esperanzas a tus inocentes hijos;
no cubierto de nebulosos vapores les niegues tu divina influencia, ni les
anuncies tu ira.»
La religión de los peruanos, si el So se presentaba nublado en sus
primeros albores, el Dios estaba irritado, y anunciaba su ira; si por tres
días aparecía opaco, aunque después brillase puro y hermoso, anunciaba su
venganza y se estremecía el imperio. Al contrario, si se presentaba sereno
y brillante, todo era placer y regocijo, porque la deidad se mostraba
satisfecha. Cuando los peruanos vieron brillar el Sol, sonrió su
esperanza, porque no temían las iras de su Dios irritado. Empero, el
horroroso destrozo de su corte, la prisión de su monarca, cuya suerte
ignoraban, la idea de que los invasores fuesen seres sobrenaturales,
impresión que les había causado la caballería, y la artillería, todo los
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