Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > La conquista del Perú (Pablo Alonso de Avecilla)

La conquista del Perú (Pablo Alonso de Avecilla) - pág.35

Indice General | Volver

Página 35 de 160


la parte baja del Perú, y pasaron por un desfiladero tan estrecho y tan
inaccesible, que un corto número de soldados hubieran podido defenderle de
un numeroso ejército: más por la imprudente credulidad del Inca no
hallaron los expedicionarios ni el menor obstáculo, y tomaron posesión
tranquilamente de un fuerte que defendía este importante paso.
Llegaron al fin a vista de Cajamalca, donde en una extensa llanura
les habían preparado rústicas tiendas de campaña, abundantemente provistas
de víveres en que pudiesen con comodidad entregarse al sueño y al
descanso. A su llegada Atahulpa les hizo renovar sus juramentos de
amistad; y les mandó nuevos presentes aun más ricos y exquisitos que los
primeros, y Pizarro que ya conocía la índole y generosidad de los
inocentes habitantes del Nuevo Mundo, se abandonó tranquilo al sueño y al
decanso, a esperar el nuevo día para comenzar su plan de destrucción y su
conquista. Los peruanos cumplirían sus juramentos porque los creían hacer
a Dioses; los venidos del Oriente no se creían obligados a esa
religiosidad, porque juraban a idólatras que en el siglo XVI eran
monstruos detestables y maldecidos.



- VII -
Homenaje
El imperio fluctuaba entre la confianza, el temor y la duda; todos
los peruanos deseaban ver y admirar a los nuevos hijos del Sol, venidos
del Oriente, pero un terror inexplicable los contenía dentro de los muros
de Cajamalca, y no osaban llegar hasta el campo de sus huéspedes. Ya la
noche había tendido su negro manto, cuando los invasores ocuparon las
tiendas, y los habitantes de aquella populosa ciudad no pudieron saciar el
ansia de ver ni de distinguir a los hombres que suponían de la jerarquía
de los Dioses. Pero el nuevo sol empezó a esclarecer el horizonte, y las
almenas y las alturas de la ciudad aparecieron cubiertas de un inmenso
pueblo que fijaba asombrado sus miradas en el campo de los venidos del
Oriente.
Fácil hubiera sido a Pizarro conseguir del Inca entrar en la ciudad y
apoderarse de su palacio, pero le pareció mas político no exigir tal
sacrificio, porque debía preferir batirse en campo descubierto, por la
ventaja que le daba su caballería y artillería, que meterse en un pueblo
que desconocía, donde no pudiera obrar con tanto desembarazo.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-160  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados