La conquista del Perú (Pablo Alonso de Avecilla) - pág.24
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hombres, que habían de mandar. En vano entre pueblos en que apenas se
conocía el raciocinio, hubieran recurrido esos legisladores a remontadas y
metafísicas teorías para comenzar a llamar la atención de los salvajes; y
era preciso que recurriesen a objetos físicos que estuviesen bajo el
imperio de las sensaciones. Nada más acertado que alzar los ojos al
majestuoso Padre del día, cuya divina influencia es sensible a los
salvajes. Al bordar su hermosa púrpura el rosado Oriente, huyen las
lúgubres y melancólicas tinieblas, despliegan las avecillas sus canoros
picos, se anima el bosque, crecen las flores y reina la alegría. Entonces
el salvaje templa su arco y aguza su aljaba, tiende sus redes y adora al
Dios de la luz. El sublime culto de la adoración del Sol estaba al alcance
de los habitantes del Nuevo Mundo, y los sabios legisladores se anunciaron
como hijos de esa benéfica deidad, que mirando compasiva los males de la
raza humana, decían que los mandaba para instruirla, reformarla y hacerla
feliz. Sus exhortaciones, unidas al respeto que inspiraba la deidad, a
nombre de que se anunciaban, determinaron a muchos de los salvajes
errantes a reunirse entre sí, y recibiendo como órdenes del cielo las
instrucciones de esos dos seres extraordinarios, los siguieron a Cuzco
donde se establecieron y fundaron una ciudad.
Manco Capac, y Mama-Ocollo, (tales eran los nombres de los dos
anunciados por hijos del Sol) reuniendo así muchas tribus errantes,
establecieron entre los peruanos esta unión social que, multiplicando los
objetos de deseo, y combinando los esfuerzos de la especie humana, excita
la industria y anima a los progresos de todas clases, les dieron sabias
leyes, y les inspiraron aquella sana moral que labra la felicidad de las
naciones; y Manco Capac sería acaso el primero de todos los legisladores,
si Confuceo no le aventajara en no haberse valido de la superstición para
hacer recibir y observar la moral y las leyes.
Manco Capac estableció la adoración del Sol y se construyeron
templos, se abolieron los sacrificios humanos, y sólo sus descendientes
fueron los primeros sacerdotes de la nación peruana, como hijos del Sol,
deidad benéfica y protectora del imperio. Manco Capac dio sabias y severas
leyes a su nación, que sus súbditos creían emanadas del Sol que iluminaba
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