La conquista del Perú (Pablo Alonso de Avecilla) - pág.21
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Pizarro y sus compañeros creyeron realizadas ya sus esperanzas, no dudaron
creyeron hallarse en posesión de vastos dominios y de inagotables tesoros.
Sin embargo, Pizarro conoció que no podía envestir un grande imperio
con tan débil columna; reprimió su ambición, sondeó las costas, siguiendo
la mejor armonía con los habitantes, y por mil atenciones consiguió de su
generosidad algunos animales domésticos, algunos vasos de oro y plata, y
algunas obras de industria; seguras pruebas que había de presentar en
testimonio del descubrimiento de los nuevos continentes, y se dio a la
vela para Panamá, donde abordó a los tres [17] años de su salida. No,
ningún aventurero sufrió tantos trabajos ni arrostró tantos peligros como
Pizarro en su peregrinación de los tres años, y su paciencia y su valor
excedieron a cuantas heroicidades nos presenta la historia del Nuevo
Mundo.
Ni las relaciones que Pizarro hizo de los países que había
descubierto, ni todos los esfuerzos de los asociados, pudieron empeñar al
gobernador de Panamá a que les prestara alguna protección. Al contrario
creía que la colonia no estaba en estado de invadir un poderoso imperio y
se negaba autorizar una expedición que pudiera arruinar la provincia
encargada a su mando, extrayéndola brazos que necesitaba; pero toda su
oposición no pudo debilitar el ardor de los tres asociados. Conocieron que
tenían que seguir la ejecución de su proyecto sin la protección del
gobernador, o solicitar de su soberano el permiso que le negaba el
administrador de la provincia, y Pizarro voló a Madrid a conseguir sus
comunes deseos.
La larga historia de sus padecimientos, y las pomposas relaciones que
hacía de los países que había descubierto, confirmadas por las
producciones recogidas en Tumbez, hicieron tal impresión en Carlos y en
sus ministros, que no sólo aprobaron el proyecto de una nueva expedición,
sino que animaron al jefe para que la realizara. Pizarro fue nombrado
gobernador, capitán general y adelantado de todos los países que
descubriesen con una autoridad absoluta, tanto en lo civil como en lo
militar, con todos los privilegios hasta entonces concedidos a los
conquistadores del Nuevo Mundo; Almagro, su lugarteniente, y Luque,
Vicario general de todos los dominios de Pizarro. Con tan buen éxito en la
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