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La conquista del Perú (Pablo Alonso de Avecilla) - pág.11

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suministraba el gobierno; todas se costeaban por particulares que se
arruinaban y eran desgraciadas, pero que su buen éxito siempre extendía el
imperio de la Metrópoli. Desde las primeras expediciones, jamás la corte
trazó el plan, jamás abrió sus tesoros; jamás hizo levantamientos de
gente; la sed de oro, el espíritu aventurero que entonces reinaba,
excitaban la industria y la actividad.
Cortés desembarcó felizmente y atacó y venció a los indios de
Tabasco, y los hizo sus aliados. Los españoles más frugales, más
endurecidos en las fatigas, más acostumbrados a la intemperie de su clima
ardiente que ningún otro pueblo de Europa, fueron entonces los únicos que
pudieran sufrir las aflicciones de la guerra en la zona tórrida, y
prepararse a tan desigual campaña. Apenas Cortés apareció en las costas de
México, Motezuma que allí reinaba con el poder más absoluto, no pudo
ocultar el terror que helaba sus miembros. Este terror que inspiraron a
tan poderoso monarca un puñado de aventureros, excedería todo lo probable,
si no se explicara por satisfactorias conjeturas y tradiciones.
El movimiento aparente o real de los astros en sus órbitas; los
sorprendentes efectos de la mayor o menor oblicuidad de la esfera, las
acciones y reacciones del mar, como primer agente de estos fenómenos, los
combates eternos de los elementos, lanzan a los habitantes del globo en su
peligro sensible, y en continuas alarmas sobre sus destinos. La
superstición, el fanatismo han divinizado estas revoluciones físicas, y ha
sido consiguiente [12] el terror de los pueblos, sobre todo en los que son
más sensibles y recientes las señales de estos fenómenos.
Tal cuadro presenta América, donde son más frecuentes las
inundaciones, los volcanes y los grandes sacudimientos de la naturaleza;
vastos golfos, inmensos lagos, innumerables islas, caudalosos ríos,
altísimas montañas, todo atestigua los azotes y calamidades con que la
naturaleza ha afligido a ese mundo; todo este terror proviene de la
desolación, de que la impostura ha abusado en todos los tiempos, para
reinar en la tierra. Como nada sucede, que no se halle bajo el aspecto de
alguna constelación, se ha recurrido a las estrellas para explicar las
desgracias de que se ignoraba la causa, y simples relaciones de situación
entre los planetas, tienen en el espíritu humano, que siempre busca en las


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