La conquista del Perú (Pablo Alonso de Avecilla) - pág.9
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la tierra, se selló con una injusticia; ¡fatal presagio de las de que
habían de ser teatro aquellos desgraciados países!
Después de la caída de Colón y de la muerte de Isabel, los insulares
comenzaron a sentir todo el horror de la suerte que les amenazaba. La
religión y la política del siglo dieciséis, sirvieron de velo a la impía
ley, que en 1506 dio Fernando el Católico, repartiendo los indios entre
los conquistadores, para que los empleasen en las explotaciones de las
minas y en todos los trabajos más penosos. En cuanto dejemos a estos
bárbaros, se decía el libre ejercicio de sus supersticiones, ni abrazarán
el cristianismo, ni doblarán la cerviz a la obediencia. ¡Oh digna política
del siglo dieciséis!... Las islas se dividieron en multitud de distritos,
y cada expedicionario obtuvo más a menos terreno, según su grado, su
favor, o su nacimiento; y desde ese instante los indios quedaron esclavos,
que debían a sus señores su sudor y su sangre; y esta horrible disposición
se siguió en todos los establecimientos del Nuevo Mundo, recogiendo la
corona exorbitantes derechos sobre los trabajos.
Los expedicionarios llenaron su ambición por algunos instantes; pero
los débiles indios fatigados de un trabajo insoportable, o muertos al
rigor de bárbaros castigos, desaparecían de sus fértiles campiñas, y
apenas ya quedaran brazos vengadores para cuando tronara el instante de la
venganza. En vano en el siglo dieciséis se clamara por los buenos
principios de colonización; en vano se invocaran los derechos de la
humanidad; la espada levantada, y el nombre del conquistador; el crucifijo
en la siniestra y en la diestra la tea; la esclavitud o la muerte, el
cristianismo o la hoguera; he aquí todos los grandes principios de la
corte católica, como de todas las cortes de Europa, en el ominoso siglo
dieciséis. [11]
- III -
México
Las preocupaciones religiosas y el fanatismo decidían en mucho en el
siglo dieciséis la suerte de las naciones; y si los pueblos del antiguo
mundo, después de haber recorrido varios sistemas filosóficos, y
diferentes creencias, se habían, puede decirse, agrupado alrededor de la
cruz, las naciones de los nuevos continentes eran víctimas también de las
falsas predicciones de sus sacerdotes y profetas, y el terror religioso
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