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Robin Hood (Anónimo) - pág.41

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del príncipe Juan.
Había algo, no obstante, que asombraba a Robin. Cuando abandonaron el castillo en llamas,
había buscado al misterioso caballero que se había unido a la arriesgada expedición. Ni rastro de
él. Nadie recordaba haberlo visto en los últimos momentos.
La tranquilidad era absoluta en Sherwood; los principales enemigos de los allí refugiados habían
sido eliminados. Aun así, Robin Hood y los suyos sabían que no podían bajar la guardia. Sin duda,
el príncipe Juan, ayudado por otros barones fieles, seguiría cargando contra ellos.
Robin se preguntaba cuándo acabariá esa lucha sin cuartel. Cuándo podrían vivir en paz, sin
tener que esconderse, sin ser considerados ciudadanos fuera de la ley.

Un buen día, Robin y los suyos recibieron una visita sorprendente. En medio de la espesura
apareció el misterioso caballero del que nada habían vuelto a saber desde el asalto al castillo del
señor de Reinault.
Tras el efusivo recibimiento del que fue objeto el noble visitante y sus muestras de sincero
agradecimiento, se alejó con Robin hasta la cabaña de éste.
-Espero que hayas resuelto unirte a nosotros -dijo Robin.
-No es así exactamente, Robin. Escúchame ahora con mucha atención. Yo soy el rey Ricardo
Corazón de León.
Robin quedó estupefacto al oír aquellas palabras. Hincó sus rodillas en el suelo y emocionado
besó la mano de su añorado rey.
-Ahora soy yo el que necesita vuestra ayuda, Robin. Convoca a tus hombres.
Robin salió de su choza y llamó a los suyos. AI momento, todos rodearon a Robin y su
acompañante.
Robin tomó la palabra y, conteniendo su excitación, dijo:
-Amigos, hoy es un gran día. El día más feliz de todos los que llevamos aquí. Tenéis ante
vosotros al gran rey Ricardo.
La multitud estalló en aplausos. Los vítores a Ricardo I de Plantagenet parecían no tener fin. Las
lágrimas en los rostros manifestaban el hondo sentir de todos los presentes.
-He tenido la oportunidad de comprobar lo que todos habéis sacrificado por mí y os aseguro
que, cuando recupere mi trono, dejaréis de ser proscritos y se os restituirá lo que hayáis perdido.


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