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La Dama de Blanco (Wilkie Collins) - pág.286

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Cuando esté en el continente fijaré por carta el lugar y la hora y le mandaré la medida de mi espada. Ahora, dígame si acepta estas condiciones.
Vacilé un momento, pero pensé que el castigo de Dios sobre Sir Percival era una prueba de la justicia divina, muy por encima de los medios humanos, tan débiles.
-Acepto, pero he de decir algo más.
-Usted dirá.
-Destruirá usted la carta en mi presencia sin abrirla.
No quería que descubriera la identidad de Pesca.
-Lo acepto.
Se levantó y, dirigiéndose a mí, me dijo con una sencilla dignidad:
-Hasta ahora hemos sido enemigos mortales. Seamos ahora dos caballeros. Permítame que le presente a mi esposa. -Salió a la puerta y llamó-: Leonor... El señor Hartright. La señora Fosco -dijo, cuando entro la condesa-. Si los preparativos del viaje te lo permiten, te agradecería que nos preparases una taza de café. Tengo que escribir ciertas cosa al señor Hartright.
La señora obedeció y salió. El conde se dirigió a su escritorio y se sentó a el, diciendo:
-Será un documento notable. Manejo con mucha facilidad la literatura. Este es un don precioso. ¿Lo posee usted?
Aquel hombre era realmente admirable, y a pesar mío me deje impresionar por su carácter.
No tardó en aparecer la condesa con el café, y el conde en agradecimiento, le besó la mano.
-¿Teme usted que le envenene? -Me preguntó el conde sonriendo-. Generalmente, los ingleses toman precauciones cuando no es necesario.
Comenzó a escribir, sorbiendo de vez en cuando un poco de café. Estuvo escribiendo durante varias horas y tirando encima de su hombro las cuartillas escritas y las plumas gastadas. A las cuatro oí un rasgueo característico, que me indicaba que había firmado.
-Ya he terminado, señor Hartright. Le sorprenderá cuando lo lea. El asunto está agotado, pero no el hombre. Fosco no se agota. Son las cuatro. Hasta las cinco, para leer y revisar las cuartillas. De cinco a seis dormiré un poco, y hasta las siete los últimos preparativos. Conversación con el agente hasta las ocho, y a esa hora en marcha. ¿Le parece a usted bien?
Comenzó a arreglar las cuartillas esparcidas por el suelo. El lector ya conoce el documento. Estaba redactado a mi satisfacción. El conde me dió las señas del cochero que había recogido a Laura en la estación y la carta de Sir Percival, fechada el veinticinco de julio, anunciando el viaje de Lady Glyde para el día siguiente, es decir, el día veinticinco, fecha de la defunción, mi mujer se encontraba aún en Blackwater, según manifestaba la carta de su propio esposo.


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