La Dama de Blanco (Wilkie Collins) - pág.285
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-Ya es bastante. Ya trataremos de eso. Hable usted ahora
-Terminaremos enseguida. Supongo que sabrá usted los intereses qu
represento
-No creo equivocarme -dijo el conde sonriendo- al suponer que son los de una dama.
-Se trata de los de mi esposa.
Me miró con la primera expresión honrada que había visto en sus ojos. Aquello, según podía comprender, hacía que aumentase en su estimación, y me considerara un hombre fuerte. Cerró definitivamente el cajón y le cruzó de brazos para escucharme.
-Le supongo a usted lo suficientemente enterado de todo cuanto se ha hecho, para negar nada. Usted es el cómplice de una vil intriga, cuyo primer motivo son diez mil libras. Pero guárdese usted ese botín. -Su rostro se iluminó y me miró compasivamente-. No he venido a deshonrarme regateando un dinero que sirvió para pagar un crimen.
-Perdone, señor Hartright, le ruego que se modere. Las diez mil libras eran legítima herencia de mi esposa. Supongo que conocerá usted el asunto. Téngalo en cuenta y discutiremos más fácilmente. Le ruego sea breve. ¿Qué es lo que quiere?
-Primero: una confesión de su tenebrosa trama, escrita y firmada por usted en mi presencia.
-Una -dijo el conde levantando el dedo.-. Siga.
-Una prueba plena, pero que no dependa de la personal afirmación suya, con respecto a la fecha exacta en que mi esposa salió de Blackwater con dirección a Londres.
-Bien. Ha puesto usted el dedo en la parte débil del asunto. ¿Qué más?
-Nada más.
-Bien. He escuchado sus condiciones. Oiga usted las mías. Por lo que respecta a la primera, me resultaría mucho más fácil eludirla que evitar responsabilidad de matarle de un tiro. Opto por ella. Escribiré la relación que usted pide. Por lo demás, le bastara una carta de mi malogrado amigo en la que me da cuenta exacta del día y hora en que su esposa se marchó. Le pondré en relación con el mozo que recogió el equipaje, en cuyo libro encontrará la misma fecha. Pero todo bajo las siguientes condiciones: mi esposa y yo dejaremos esta casa cuando y como nos venga, sin molestia ninguna; esperará usted aquí, en mi compañía, hasta que venga mi agente, que vendrá a las siete de la mañana, para terminar mis negocios; le entregará usted una orden escrita con objeto de que le den la carta sellada, que ha entregado usted a esa persona; esperará a que vuelva y me entregará la carta; luego, me dará usted media hora, después que hayamos marchado nosotros. Hecho esto, quedará usted en libertad de hacer lo que quiera. Además, me dará usted una satisfacción de su falta de cortesía y de haberse inmiscuido en mis asuntos privados.
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