La Dama de Blanco (Wilkie Collins) - pág.284
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-No es esa mi intención. Es un asunto de vida o muerte
-¿De vida o de muerte? Esto es muy serio de lo que usted supone
Sus dedos jugaban con sus llave, como si quisiera intentar abrir el cajón de l
mesa en que se había apoyado
-¿Conoce usted el motivo de mi viaje? ¿Tiene la bondad de decírmelo
Y diciendo esto abrió el cajón
-Puedo hacer algo más. Darle una prueba
-¿Dónde esta? -preguntó
-Levante la manga de la camisa del brazo izquierdo la verá usted en él
Volví a ver en su rostro la misma lividez que experimentó en el teatro. Un lev
fruncimiento de cejas convirtió sus ojos en dos puñales. Lentamente abrió el cajón. Algo duro y pesado rozó la madera. Se produjo un mortal silencio. Mi vida dependía de un segundo. Sabía perfectamente el objeto que acariciaban sus manos.
-Aguarde usted. Vea usted que no me muevo, que no voy armado. Tengo algo
más que decirle
-Ya ha dicho bastante -contestó fríamente, con una calma antinatural-. ¿Sab
en lo que estaba pensando
-Espero que me lo dirá usted
-Pensaba -dijo tranquilamente- en si alteraría mucho el orden de est
habitación el que le saltaran los sesos
Si vacilaba, me podría considerar hombre muerto. Con gran calma le contesté
-Antes de que se decida usted a hacerlo, lea estos dos líneas
Esto excitó su curiosidad, y cogió de mis manos la nota de Pesca, que leyó en voz
alta. Una persona menos inteligente hubiera pedido una explicación, pero el conde comprendió que con estas líneas yo había tomado mis precauciones. Cambió la expresión de su semblante y retiró la mano del cajón.
-De todos modos, no cierro el cajón -dijo-, y tampoco me comprometo a asegurar que sus sesos ensucien la chimenea. Pero acostumbro a ser justo con mis enemigos. Esos sesos son bastante inteligentes. ¿Quiere usted algo de mí?
-Sí, y espero conseguirlo
-¿Con condiciones
-Sin ellas
La mano volvió otra vez al cajón
-Veo que esos sesos inteligentes vuelven a estar en peligro. El tono de su vo
me molesta bastante. No trata usted con Sir Percival, sino con el conde Fosco y le invito a que sea correcto. Espero que me contestara estas preguntas: Primera: ¿Quién le ha informado a usted del asunto?
-No puedo contestarla.
-Ya lo averiguaré. Bien. Segunda: ¿De quién es la carta que me ha enseñad
usted
-De una persona en quien puedo confiar y a quien usted debe temer
La respuesta le impresionó bastante y volvió a retirar la mano del cajón
-¿De que tiempo dispongo antes de que abran la carta
-Hasta mañana a las nueve.
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