Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > La Dama de Blanco (Wilkie Collins)

La Dama de Blanco (Wilkie Collins) - pág.274

Indice General | Volver

Página 274 de 296


Me rogaba que, en interés de usted, le pidiera que moderase sus ataques a él. Yo no admito condición alguna. No sé si que me contó es cierto, pero sí que el director de la casa de salud no miró una sola vez a la casa.
-Yo si creo que es cierto. En un hombre de su carácter, no me extraña. Muerto Sir Percival y libre la señora Catherick, no tiene poder para recuperar a Laura. ¿Qué dijo de mí, Marian?
-Al hablar de usted, sus ojos se hicieron terribles. «Prevenga al señor Hartright -me dijo- para que sé contente con vivir tranquilo. Hago plena justicia a sus excelentes prendas, pero no tiene talla para medirse conmigo. Adviértale también, y salúdele al mismo tiempo, que el que se interpone en el camino de Fosco no suele tener tiempo para arrepentirse. Y por lo que a usted respecta, no tema usted nada de mí» Me saludó y se fué.
-¿Y no dijo nada más?
-Al llegar a la esquina, se volvió y se llevó la mano al corazón, con un ademán no sé si teatral o verdadero. Yo, antes de volver a casa, había decidido mudarme. No me consideraba segura. Dije a Laura que quería darle la sorpresa de trasladarnos todos a una casa en el campo. Le entusiasmó la idea y me ayudó mucho. Yo ya conocía este lugar. Estuve una temporada en un pensionado que hay aquí, y por medio de las hijas de mi antigua profesora conseguí esta casa. Por la noche hicimos la mudanza. ¿Le parece bien, Walter? ¿Merezco su confianza?
La felicité con calor y entusiasmo. Pero algo extraño observaba en ella. Me pareció menos firme; vacilaba algo. Su conversación con respecto al conde parecía atemorizarla, en lugar de tranquilizarla. No sé lo que podía haber en aquel corazón. Pero me imaginaba que en él, algo se había conmovido. Sin embargo, respeté su secreto como lo hubiera hecho con mi madre.
Marian me interrumpió estas reflexiones, preguntándome qué pensaba hacer.
-No hice mucho, vi al señor Kirlye. Le dije que, ante mí, tenían que responder dos hombres de todo esto. Uno de ellos ya no existe. Pero queda otro, que ha de confesar por los dos.
Marian miró a otro lado y vi un leve rubor en sus mejillas.
-Me doy cuenta -añadí- de que los riesgos son ahora mayores y que las probabilidades de éxito son muy escasas. Pero acepto la lucha. Convengo en que mi talla es menor que la del conde, pero me prepararé. Ya he aprendido a tener paciencia. Mi inactividad le dará más confianza. Por otra parte, para dar un paso tan peligroso, he de definir mejor mi posición respecto a Laura.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263 264 265 266 267 268 269 270 271 272 273 274 275 276 277 278 279 280 281 282 283 284 285 286 287 288 289 290 291 292 293 294 295 296 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-296  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados