Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > La Dama de Blanco (Wilkie Collins)

La Dama de Blanco (Wilkie Collins) - pág.270

Indice General | Volver

Página 270 de 296


Me limito a decir que cumplo lo establecido en el contrato y cobré mi desahogada pensión. De vez en cuando efectuaba algún pequeño viaje, no sin haber solicitado permiso de mi dueño y señor. Mi ausencia más larga se debió a un viaje que hice a Cumberland, con objeto de asistir a una hermana mayor que se suponía tenía bastantes ahorros. Trabajo inútil: no me dejó un céntimo. Para molestar a la señora Clements, que nunca me fué simpática, me llevé a Ana conmigo, y no sabiendo qué hacer allí con la niña la mandé a la escuela de Limmeridge. La maestra, una mujer horriblemente fea que había conseguido casarse con un hombre muy guapo, me divirtió por el gran cariño que demostró hacia mi imbécil hija. Entre otras tonterías que le metió en la cabeza, hizo que se vistiera siempre de blanco. A mí me han gustado otra clase de colores, y decidí que una vez volviéramos a casa cambiaría aquel estado de cosas. Sin embargo, no pude conseguirlo. Cuando se metía algo en aquella cabeza obtusa, se volvía más obstinada que una mula. Peleamos mucho, y para acabar con esto, la señora Clements, que iba a establecerse entonces en Londres, se quiso lleva a Ana. No quise que se saliera con la suya y me negué.
Poco después tuve necesidad de hacer un pequeño viaje, y pedí permiso para ello al caballero que me había confinado en este lugar. En esta ocasión, sacó a relucir lo más rufianesco de su carácter. Grosera e insolentemente me dijo que él no quería, y no pudiendo contenerme prorrumpí en insultos y denuestos contra él en presencia de mí bajó. Entre otras cosas, dije que era un impostor y que le enviaría a la horca en cuanto quisiera divulgar su secreto. Mi hija me escuchaba atentamente, y esto me devolvió la razón. No fué muy agradable reflexionar con respecto a esta ligereza. Cada vez, Ana se mostraba más extraña y anormal. No tendría nada de particular que repitiera mis palabras. Experimentaba cierto temor y, de todos modos, no estaba preparada para lo que ocurrió al día siguiente. Sin aviso por su parte, el caballero se presentó en mi casa. Se había dado cuenta de que su insolencia y grosería podían ser peligrosas y vino dispuesto a reparar el mal. Pero como venía de mal humor y no se atrevía a meterse conmigo, se metió con Ana.
-¡Váyase! -dijo, mirándola con desprecio.
Pero mi hija no se movió.
-¿Está sorda? -gritó-. ¡Váyase!
Entonces, mi hija, enrojeciendo, pues, creo que tenía algunas vagas nociones de dignidad, dijo:
-Hábleme con mejores modales.
El caballero me miró entonces y dijo:


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263 264 265 266 267 268 269 270 271 272 273 274 275 276 277 278 279 280 281 282 283 284 285 286 287 288 289 290 291 292 293 294 295 296 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-296  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados