La Dama de Blanco (Wilkie Collins) - pág.255
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Según lo que había calculado, tardaría aún dos años en ello. Marian, con estos antecedentes, abordó inmediatamente la cuestión. Con breves palabras le dijo que la asilada era una parienta próxima suya, a quien una equivocación fatal había llevado a la casa de salud. Añadió que haría una buena obra permitiéndolas reunirse a las dos, y en compensación a los riesgos que había de correr le ofrecía una importante cantidad. Sacó cuatro billetes de cien libras y se los ofreció.
La enfermera vaciló entre la incredulidad y la extrañeza, pero la señorita Halcombe la supo convencer de tal modo, y era la suma tan tentadora, que en breves palabras se pusieron de acuerdo. Al día siguiente, la señorita Halcombe volvería a aquel solitario lugar y la enfermera, en cuanto pudiese no podía fijar la hora acudiría también, y las circunstancias dirían lo que, había que hacer. Inútil es decir que Marian fué puntual a la cita. Tuvo que esperar todavía hora y media, pero al cabo de este tiempo vió a la enfermera dar la vuelta a la esquina. Apoyada en su brazo iba Laura. En cuanto estuvieron, juntas, Marian entregó el dinero a la enfermera.
La enfermera, con excelente idea había vestido a Lady Glyde con un traje suyo y un gorro como las que usan las aldeanas. Marian la detuvo para darle inmediatamente una pista falsa. Le dijo que dijera que Ana Catherick preguntaba constantemente sobre Hampshire y él castillo de Blackwater, con objeto de que cuando notaran su desaparición dirigieran por aquel lado las primeras averiguaciones. Convino la enfermera en seguir las instrucciones que se le daban, y se dirigió a la casa de salud para que no fuera notada su ausencia. Tampoco Marian perdió tiempo llevando a su hermana a Londres, sino que desde allí tomaron el tren para Limmeridge, donde llegaron sin novedad.
Durante el viaje, pudo Marian convencerse de que tantos sufrimientos habían debilitado bastante a su pobre hermana, hasta el punto de que sus contestaciones carecían de ilación y eran muy confusas cuando se trataba del trágico período por el que había pasado. Este relato tan imperfecto debe escribirse a continuación, antes de proseguir relatando los hechos que tuvieron lugar en la señorial mansión de Limmeridge.
Los recuerdos de Lady Glyde con respecto a su desagradable viaje, comenzaban con su llegada a Londres. Desgraciadamente, al igual que la señora Michelson, no recordaba con exactitud la fecha en que aquél había tenido lugar. Al llegar a la estación encontró en ella al conde, el cual ordenó que se transportara el equipaje de Laura al coche que los esperaba. Las primeras preguntas que Lady Glyde dirigió al conde fuero para conocer el estado de salud de su hermana.
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