La Dama de Blanco (Wilkie Collins) - pág.253
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La enfermera y su marido, procedentes de Lyon, habían montado una casa de huéspedes para extranjeros. De nada se les podía acusar. Era gente pacífica, que no tenía deudas y que no intervenía en los asuntos de nadie.
A pesar de todos esto fracasos, Marian no se desanimó. Un día decidió visitar el sanatorio en el que Ana Catherick había sido recluida. Desde el primer momento experimento una gran simpatía por la pobre enferma. Ahora más que nunca deseaba comprobar el famoso parecido con su germana y las manías que le llevaron a aquel lamentable estado. A pesar que en la carta del conde no se daba mención alguna de la casa de salud, Ana, en cierta ocasión que ya nuestros lectores conocen, se lo había participado a Hartright. Marian anotó la dirección en el diario, y allí busco. Con la cara del conde como credencial, el día 11 de octubre partió para la casa de salud.
Pasó en Londres la noche. Su primera intención fue ver a la señora Vesey, pero la pobre mujer se conmovió tanto al verla, que para no aumentar su amargura, la señorita Halcombe pasó aquella noche en una casa de huéspedes de los alrededores. Al día siguiente se dirigió a la casa de salud, e inmediatamente fue llevada a presencia del director. Al principio, no pareció este muy inclinado a satisfacer los deseos de la visitante para ver a su asilada. Pero en cuanto Marian le enseñó la carta del conde, manifestándole que era hermana de Lady Glyde y que por motivos familiares deseaba comprobar la agudeza del trastorno mental de la enferma, el director de la casa de salud dejó de ponerle obstáculos y Marian tuvo la impresión de que el médico obraba de absoluta buena fe. Como demostración, tuvo la señorita Halcombe la franqueza con que se le participó, que habiendo reingresado la enferma el día 27 de julio, acompañada por conde Fosco, no había podido menos de sorprenderse ante los cambios que en ella se habían producido. Por lo general, tales cosa no ocurren en las enfermedades mentales. Sin embargo, tienen precedentes y son siempre muy notables para la Medicina. Imaginemos el efecto que esta declaración produjo en el ánimo de Marian. Tuvo necesidad de varios minutos para reponerse y tener el suficiente valor para seguir al director de la casa de salud al lugar del edificio destinado a las enfermas.
Al preguntar, le dijeron que la paciente Ana Catherick hallábase paseando por el parque del establecimiento. Unas de las enfermeras se ofreció a Marian como guía. Las dos mujeres penetraron en un parque muy bien cuidado y lleno de bellísimos árboles. Al entrar por su alameda, vieron al final de esta a dos mujeres que paseaban.
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