La Dama de Blanco (Wilkie Collins) - pág.252
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Aquí terminaran las investigaciones del señor Kyrle, socio del señor Gilmore.
Marian regresó a Limmeridge. Reunió allí cuantos informes pudo conseguir. El señor Fairlie recibió la noticia de la muerte de su sobrina por una carta de su hermana en la que le pedía su opinión y parecer con respecto a su entierro en Limmeridge. El señor Fairlie contestó favorablemente. El conde se preocupó de ello y acompañó el cadáver, seguido, como prueba de respeto, por todos los vecinos del pueblo. Se le dió, pues, allí cristiana sepultura, utilizando la tumba de su madre, y al día siguiente se puso el epitafio que ya conocemos.
El día de la inhumación y el siguiente, en que fué celebrado el funeral, el conde Fosco fué huésped de Limmeridge, pero no pudo ver al señor Fairlie, porque éste, a consecuencia de los tristes sucesos, estaba completamente postrado y no se veía con ánimos de recibir a nadie. Por carta le puso el conde en conocimiento de haberse cumplido todas las formalidades y ceremonias, terminando la misiva con una postdata, en la que informaba al señor Fairlie de que la desventurada Ana Catherick, de quien la señorita Halcombe podía darle amplios informes, había sido encontrada y conducida de nuevo a la casa de salud donde ya anteriormente había estado recluida. En la misma postdata advertía al señor Fairlie que a consecuencia del largo periodo en que había carecido de asistencia facultativa, la enfermedad de la desgraciada había empeorado notablemente, que su primera fase de odio hacia Sir Percival había tomado, en la actualidad, otro giro distinto. En su deseo de mortificar y molestar al citado caballero, mezclábase ahora en su idea una manía de grandeza, y este estado mental daba por resultado que la desventurada mujer se empeñara en hacerse pasar por la difunta Lady Glyde, idea que probablemente había aparecido en su cerebro al observar su prodigioso parecido con la difunta.
Poníase en conocimiento del señor Fairlie todo esto, dado el caso de que la loca hallara el medio de escribirle.
La carta fué vista por la señorita Halcombe a su llegada a Limmeridge. Allí le entregaron las ropas y objetos que habían pertenecido a la difunta y que fueron enviados a Cumberland por la condesa. Este era el esto de cosas que halló Marian a su regreso a Limmeridge.
Los sufrimientos morales le produjeron una recaída, que a tuvo postrada durante más de un mes. Al volver a la vida y adquirir la salud, la vigorosa fuerza de su naturaleza y de su juventud, sus sospechas acerca de la muerte de su hermana continuaron siendo las antes.
Mandó vigilar las casas de los condes y de la señora Rubelle, pero inútilmente.
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