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La Dama de Blanco (Wilkie Collins) - pág.206

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Página 206 de 296


La página siguiente está escrita con letra masculina. Tiene la fecha del 21 de junio, y dice:
Postdata de un admirador y amigo:
La enfermedad de la incomparable señorita Halcombe me ha proporcionado un placer inesperado para mí: el goce intelectual que me ha producido la lectura de su diario, terminado en este momento. Cada una de sus numerosas páginas ha sido para mí un placer. ¡Qué placer tan admirable! ¡Qué magnífico esfuerzo representa esta obra! La pintura de mí carácter es una obra maestra, y me complace atestiguarlo. ¡Qué gran impresión debo haber producido en ella para que me haya pintado con tan ricos colores y matices! Con toda mi alma me lamento de esta cruel fatalidad que nos obliga á ser enemigos. Si hubiera querido la suerte que nos hubiésemos conocido en más felices circunstancias, esta mujer hubiera logrado hacer de mí un santo. Es la única que en este mundo reconozco digna de mí.
Estos sentimientos son los que hacen que escriba estas líneas como epílogo a su diario. Espero de su juventud y vigorosa naturaleza que se salve de su enfermedad, y esto podría asegurarlo, si el medicucho que la asiste se guiara de mis consejos.
Cierro estas páginas y dejo en ellas, como homenaje de admiración a la mujer perfecta que ha escrito estas líneas, todos los sentimientos humanos que todavía quedan en mi corazón. Y continúo siendo el impasible agente del destino hasta el instante en que la suerte me facilite la hora de entrar en lo desconocido.
Fosco
FEDERICO FAIRLIE, ESQ., PROPIETARIO DE LA CASA SOLARIEGA D

LIMMERIDGE, CONTINUA LA MISMA HISTORIA
Parece que mi destino es que no me dejen en paz.
¿Por qué parientes, amigos y aun extraños tienen ese interés en molestarme? No obtengo contestación alguna, aunque se lo pregunte a mí mismo, aunque se lo pregunte a Luis.
Lo último que han dejado caer sobre mi cabeza ha sido el obligarme a escribir este relato. ¿Puede, acaso, un hombre, en mi estado de salud, escribir narraciones? Cuando expuse este inconveniente, se me respondió que habiendo ocurrido algunos importantes acontecimientos a mi sobrina y bajo mi techo, era yo la persona más indicada para contarlos. Y como mi resistencia es muy escasa, no he sabido negarme. Por tanto, intentaré acordarme de lo que pueda y escribir lo que pueda, y es posible que de lo que yo no me acuerde se acuerde Luis. Y como es un torpe y yo un inválido, lo haremos, desde luego, lo peor posible. Y empecemos.
En los últimos días de junio, o primeros de julio, no lo recuerdo a ciencia cierta, me encontraba en mi habitación rodeado de mis tesoros, y me hallaba dispuesto a examinar unas curiosas fotografías sobre Numismática egipcia, cuando, sin haberle yo llamado, entró Luis.


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