Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > La Dama de Blanco (Wilkie Collins)

La Dama de Blanco (Wilkie Collins) - pág.197

Indice General | Volver

Página 197 de 296



Sonó la campana y me di prisa en bajar.
Sir Percival ofrecía el brazo a la condesa, y el conde me dió el suyo. Contra lo que era costumbre en él, tenía las manos calientes. ¿Habría salido también antes de comer? Me pareció preocupado, cosa que no podía disimular el gran dominio que sobre si mismo ejercía. De vez en cuando dirigía intranquilas miradas a su mujer y me dedicaba toda su atención. ¿Qué significaba todo esto? No me fué posible adivinarlo. Cuando la condesa y yo nos levantamos para dirigirnos al salón, nos acompaño el conde.
-¿Adónde diablos va usted? -preguntó el dueño de la casa-. Usted, conde Fosco.
-He terminado de comer y no quiero beber más. Le ruego que me perdone si por el momento sigo las costumbres de mi país acompañando a las señoras.
-¡Bah!, eso son tonterías. Beba un vaso de jerez conmigo y charlaremos un rato.
-En otra ocasión.
-No creo que sea esta una manera correcta de portarse con el dueño de la casa -dijo éste con grosería.
Ya había tenido yo ocasión de sorprender las miradas de Sir Percival fijas en el conde, sin que éste se diera por aludido. Esto, y el deseo de tener con él una conferencia y la negativa de éste, me demostraba que entre los dos había algo que uno tenía deseo inmediato de tratar y el otro de demorar. La grosera actitud de Sir Percival no produjo efecto alguno sobre el conde, que nos acompañó hasta la mesa del té. Al cruzar el vestíbulo, vimos al criado abrir el buzón para llevar las cartas al correo.
-¿No tiene usted correspondencia, señorita Marian? -me preguntó sin interés el conde.
-No, señor -le contesté sin mirarle.
El conde sentóse al piano y tocó con verdadera gracia y gran ligereza una canción napolitana, «La mía Carolina». Contra su costumbre, la condesa tomó solamente una taza de té y salió del salón sin hacer ruido. Quise imitarla, pero me detuvo el conde pidiéndome otra taza de té. Se la serví y por segunda vez intenté salir, tanto porque temía una traición de la condesa como porque había decidido no permanecer a solas con aquel hombre para mí tan peligroso. Pero de nuevo me detuvo el conde, sentándose al plano y apelando a mi juicio crítico en una cuestión de música en la que aseguraba estar comprometido su honor nacional. En vano le dije que todos mis conocimientos sobre este particular eran nulos. i quiso oír mis disculpas y dijo con vehemencia:
-Los alemanes hablan constantemente de sus sinfonías y de sus oratorias, y pretenden que la música italiana no puede elevarse al verdadero arte, pero olvidan al incomparable e inmortal Rossini.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-296  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados