Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > La Dama de Blanco (Wilkie Collins)

La Dama de Blanco (Wilkie Collins) - pág.175

Indice General | Volver

Página 175 de 296


¿Acaso la habría cerrado yo mal? ¿Tendría algún defecto? ¿O...? No quiero escribir la tercera suposición.
Con respecto al día de mañana, es indispensable tomar precauciones, vigilar al, conde y estar al cuidado del mensajero que me ha de traer la contestación.
IV
Día 17.
Laura y yo salimos solas. La tarde era calurosa y de intenso bochorno. Ni un poco de aire movía las copas de los árboles, y en la humedad de la atmósfera se presentía la cercana lluvia.
-¿Adónde vamos? -le pregunté.
-Hacia el lago, si te parece bien.
-Tienes mucha afición por ese lago triste y siniestro.
-No por el lago, sino por el paisaje que le rodea. Estas colinas arenosas me recuerdan un poco a Limmeridge.
Caminamos sin hablar. Las dos sentíamos la pesadez del aire oprimiéndonos, y nos alegramos cuando pudimos sentarnos en el interior de la cabaña.
-Todo esto es muy siniestro -me dijo Laura-. En efecto, tienes razón, pero aquí estamos más solas que en ninguna parte. -Miró en torno suyo y continuó-: Te dije ayer que te contaría la verdad de mis relaciones con mi marido. Ahora cumpliré mi palabra. Para ti, por duro que me sea e confesar lo que yo misma quisiera olvidar, no quiero tener secretos.
Sin contestar, cogí sus manos y me dispuse a escucharla atentamente.
-He oído que te reías muchas veces de tu pobreza, como tú la llamas - empezó mi hermana-, y me felicitabas por lo cuantioso de mi herencia. No lo hagas nunca más. Dale gracias a Dios por ella, que te defiende del destino que me ha correspondido a mí.
Era un triste principio para una mujer de veinte años y recién casada por añadidura.
-No quiero afligirte contándote cuándo ni cuáles fueron mis primeros desengaños. Basta con que yo los recuerde. Te contaré, sin embargo, un episodio, y por éste comprenderás los demás. Fué en Roma. Hacía un tiempo delicioso y fuimos a visitar la tumba de Cecilia Meteia. Sobre el magnífico paisaje se destacaba claramente las espléndidas ruinas. Viendo aquella obra maestra, consagrada por el amor de un esposo a perpetuar la memoria de su mujer, experimenté el deseo de que mi marido tuviera para mí una palabra cariñosa. «Puesto que antes de casarme afirmaba usted quererme tanto -le dije-, ¿seria capaz, en el caso de que yo muriera antes que usted, de construir para mí una tumba como ésta?» El se rió groseramente. Sólo me supo contestar: «Si yo hiciera construir para usted una tumba como ésta, sería con su dinero. Probablemente también esta mujer se lo habría dejado a su marido». Nada dije, pero los ojos se me llenaron de lágrimas.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-296  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados