La Dama de Blanco (Wilkie Collins) - pág.159
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El gran interés que a pesar mío siento por este hombre extraño ha hecho que interrogue a Sir Percival sobre su vida pasada.
Sir Percival demuestra saber muy poco de su vida, o no quiere decirlo. Hace ya bastantes años, y en las dramáticas circunstancias que creo haber descrito, el conde y el barón se vieron por primera vez. Frecuentemente, desde entonces, se han visto en distintos países, pero ya nunca más en Italia, donde, desde hace muchos años, no ha estado más el conde. Tal vez haya que pensar en alguna persecución de carácter político. A pesar de todo, parece demostrar un gran interés por sus compatriotas. La primera noche de su estancia en el castillo preguntó si se hallaba muy lejos la ciudad más próxima, y si en ella se había establecido algun italiano. Con frecuencia recibe numerosas cartas con sellos de todo el mundo. Hoy he visto ante su plato, a la hora de comer, una lacrada en rojo, que denunciaba un origen oficial. Esto me hace desconfiar de mis sospechas al considerarlo como expatriado político. Sea como fuere, he de confesar que este hombre ha alcanzado sobre mí un incomprensible ascendiente, y he de confesar también que éste ha aumentado en el breve plazo de dos días. No puedo explicarme si esto se debe a simpatía o temor. Digamos, como el conde diría en su bellísimo idioma: «Chi lo sa».
16 de junio.
Aparte de mis impresiones personales, tengo algo más que contar. Ha llegado hoy una visita desconocida, tanto pata Laura como para mí, y, al mismo tiempo, inesperada para Sir Percival.
Estábamos comiendo. El conde, que come los pasteles como si fuera un niño, acababa de pedir el cuarto trozo de cake, cuando un criado hizo su aparición en el comedor y dijo, dirigiéndose al dueño de la casa:
-Señor, el señor Merriman, de Londres.
Sir Percival experimentó un estremecimiento y miró al criado entr
colérico y alarmado
-¿El señor Merriman? -repitió, como si no creyera en lo que sus oído
habían escuchado
-Sí señor. El señor Merriman, que ha llegado de Londres
-¿Dónde está
-En la biblioteca, señor
Sin decir palabra, se levantó y salió del comedor precipitadamente
-¿Quién es Merriman? -me preguntó Laura
-Lo ignoro -le contesté
El conde habíase acercado a una pequeña mesa, en la que se encontraba e
loro. Con el pájaro sobre el hombre, se volvió hacia nosotras y contestó tranquilamente:
-Es el notario de Sir Percival. Me sobresaltó su respuesta. Algo muy bueno o muy malo tiene que suceder siempre que un notario haga el viaje inesperado de Londres a Hampshire y cause su visita una extrañeza tan profunda como la que había causado.
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