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El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad) - pág.96

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Y la joven hablaba, aliviando su dolor en la certidumbre de mi simpatía; hablaba de la misma manera en que beben los hombres sedientos. Le oí decir que su compromiso con Kurtz no había sido aprobado por su familia. No era lo suficientemente rico, o algo así. Y, en efecto, no sé si no había sido pobre toda su vida. Me había dado a entender que había sido la impaciencia de una pobreza relativa lo que le había llevado allá. "´¿Quién, quién que lo hubiera oído hablar una sola vez no se convertía en su amigo?´, decía. ´Atraía a los hombres hacia él por lo que había de mejor en ellos.´ Me miró con intensidad. ´Es el don de los grandes hombres´, continuó, y el sonido de su voz profunda parecía tener el acompañamiento de todos los demás sonidos, llenos de misterios, desolación y tristeza que yo había oído en otro tiempo: el murmullo del río el susurro de la selva sacudida por el viento, el zumbido de las multitudes, el débil timbre de las palabras incomprensibles gritadas a distancia, el aleteo de una voz que hablaba desde el umbral de unas tinieblas eternas. ´¡Pero usted lo ha oído! ¡Usted lo sabe!´, exclamó. "´¡Sí, lo sé´, le dije con una especie de desesperación en el corazón, pero incliné la frente ante la fe que veía en ella, ante la grande y redentora ilusión que brillaba con un resplandor sobrenatural en las tinieblas, en las tinieblas triunfantes de las que no hubiera yo podido defenderla... de las que tampoco me hubiera yo podido defender. "´¡Qué pérdida ha sido para mí... para nosotros!´, se corrigió con hermosa generosidad. Y añadió en un murmullo: ´Para el mundo.´ Los últimos destellos del crepúsculo me permitieron ver el brillo de sus ojos, llenos de lágrimas que no caerían. ´He sido muy feliz, muy afortunada. Demasiado feliz. Demasiado afortunada por un breve tiempo. Y ahora soy desgraciada... para toda la vida.´ "Se levantó; su brillante cabello pareció atrapar toda la luz que aún quedaba en un resplandor de oro. Yo también me levanté. "´Y de todo esto´, continuó tristemente, ´de todo lo que prometía, de toda su grandeza, de su espíritu generoso y su noble corazón no queda nada... nada más que un recuerdo. Usted y yo...´ "´Lo recordaremos siempre´, añadí con premura. "´¡No!´, gritó ella. ´Es imposible que todo esto se haya perdido, que una vida como la suya haya sido sacrificada sin dejar nada, sino tristeza.


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