El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad) - pág.95
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.. la muerte de él, el dolor de ella... ¿me comprendéis? Los vi juntos, los oí juntos. Ella decía en un suspiro profundo: ´He sobrevivido´, mientras mis oídos parecían oír con toda claridad, mezclado con el tono de reproche desesperado de ella, el grito en el que él resumía su condenación eterna. Me pregunté, con una sensación de pánico en el corazón, como si me hubiera equivocado al penetrar en un sitio de crueles y absurdos misterios que un ser humano no puede tolerar, qué hacía yo ahí. Me indicó una silla. Nos sentamos. Coloqué el paquete en una pequeña mesa y ella puso una mano sobre él. ´Usted lo conoció bien´, murmuró, después de un momento de luctuoso silencio. "´La intimidad surge rápidamente allá´, dije. ´Le conocí tan bien como es posible que un hombre conozca a otro.´ "´Y lo admiraba´, dijo. ´Era imposible conocerlo y no admirarlo. ¿No es cierto?´ "´Era un hombre notable´, dije, con inquietud. Luego, ante la exigente fijeza de su mirada que parecía espiar las palabras en mis mismos labios, proseguí: ´Era imposible no...´ "´Amarlo, concluyó ansiosamente, imponiéndome silencio, reduciéndome a una estupefacta mudez. ´¡Es muy cierto! ¡Muy cierto! ¡Piense que nadie lo conocía mejor que yo! ¡Yo merecí toda su noble confianza! Lo conocí mejor que nadie.´ "´Lo conoció usted mejor que nadie´, repetí. Y tal vez era cierto. Pero ante cada palabra que pronunciaba, la habitación se iba haciendo más oscura, y sólo su frente, tersa y blanca, permanecía iluminada por la inextinguible luz de la fe y el amor. "´Usted era su amigo´, continuó. ´Su amigo´, repitió en voz un poco más alta. ´Debe usted haberlo sido, ya que él le entregó esto y lo envió a mí. Siento que puedo hablar con usted... y, ¡oh!... debo hablar. Quiero que usted, usted que oyó sus últimas palabras, sepa que he sido digna de él... No se trata de orgullo... Sí. De lo que me enorgullezco es de saber que he podido entenderlo mejor que cualquier otra persona en el mundo... Él mismo me lo dijo. Y desde que su madre murió no he tenido a nadie... a nadie... para... para... "Yo escuchaba. La oscuridad se hacía más profunda. Ni siquiera estaba seguro de que él me hubiera dado el paquete correcto. Tengo la firme sospecha de que, según sus deseos, yo debía haber cuidado de otro paquete de papeles, que, después de su muerte, vi examinar al director bajo la lámpara.
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