El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad) - pág.89
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.. él, muerto.´ "Todos los peregrinos salieron precipitadamente para verlo. Yo permanecí allí, y terminé mi cena. Creo que fui considerado como un individuo brutalmente duro. Sin embargo, no logré comer mucho. Había allí una lámpara... luz... y afuera una oscuridad bestial. No volví a acercarme al hombre notable que había pronunciado un juicio sobre las aventuras de su espíritu en esta tierra. La voz se había ido. ¿Qué más había habido allí? Pero por supuesto me enteré de que al día siguiente los peregrinos enterraron algo en un foso cavado en el fango. "Y luego casi tuvieron que sepultarme a mí. "Sin embargo, como podéis ver, no fui a reunirme allí con Kurtz. No fue así. Permanecí aquí, para soñar la pesadilla hasta el fin, y para demostrar mi lealtad hacia Kurtz una vez más. El destino. ¡Mi destino! ¡Es curiosa la vida... ese misterioso arreglo de lógica implacable con propósitos fútiles! Lo más que de ella se puede esperar es cierto conocimiento de uno mismo... que llega demasiado tarde... una cosecha de inextinguibles remordimientos. He luchado a brazo partido con la muerte. Es la contienda menos estimulante que podéis imaginar. Tiene lugar en un gris impalpable, sin nada bajo los pies, sin nada alrededor, sin espectadores, sin clamor, sin gloria, sin un gran deseo de victoria, sin un gran temor a la derrota, en una atmósfera enfermiza de tibio escepticismo, sin demasiada fe en los propios derechos, y aún menos en los del adversario. Si tal es la forma de la última sabiduría, la vida es un enigma mayor de lo que alguno de nosotros piensa. Me hallaba a un paso de aquel trance y sin embargo descubrí, con humillación, que no tenía nada que decir. Por esa razón afirmo que Kurtz era un hombre notable. Él tenía algo que decir. Lo decía. Desde el momento en que yo mismo me asomé al borde, comprendí mejor el sentido de su mirada, que no podía ve r la llama de la vela, pero que era lo suficientemente amplia como para abrazar el universo entero, lo suficientemente penetrante como para introducirse en todos los corazones que baten en la oscuridad. Había resumido, había juzgado. ´¡El horror!´ Era un hombre notable. Después de todo, aquello expresaba cierta creencia. Había candor, convicción, una nota vibrante de rebeldía en su murmullo, el aspecto espantoso de una verdad apenas entrevista... una extraña mezcla de deseos y de odio.
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