El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad) - pág.76
Indice General
|
Volver
Página 76 de 98
"´Si ahora no les dice lo que debe decirles, estamos todos perdidos´, dijo el ruso a mis espaldas. El grupo de hombres con las parihuelas se había detenido a medio camino, como petrificado. Vi que el hombre de la camilla se semincorporaba, delgado, con un brazo en alto, apoyado en los hombros de los camilleros. ´Esperemos que el hombre que sabe hablar tan bien del amor en general, encuentre alguna razón particular para salvarnos esta vez´, dije. "Presentía amargamente el absurdo peligro de nuestra situación, como si el estar a merced de aquel atroz fantasma fuera una necesidad vergonzosa. No podía oír ningún sonido, pero a través de los gemelos vi el brazo delgado extendido imperativamente, la mandíbula inferior en movimiento, los ojos de aquella aparición que brillaban sombríos a lo lejos, en su cabeza huesuda, que oscilaba con grotescas sacudidas. Kurtz... Kurtz, eso significa pequeño en alemán, ¿no es cierto? Bueno el nombre era tan cierto como todo lo demás en su vida y en su muerte. Parecía tener por lo menos siete pies de estatura. La manta que lo cubría cayó y su cuerpo surgió lastimoso y descarnado como de una mortaja. Podía ver la caja torácica, con las costillas bien marcadas. Era como si una imagen animada de la muerte, tallada en viejo marfil, hubiese agitado la mano amenazadora ante una multitud inmóvil de hombres hechos de oscuro y brillante bronce. Le vi abrir la boca; lo que le dio un aspecto indeciblemente voraz, como si hubiera querido devorar todo el aire, toda la tierra, y todos los hombres que tenía ante sí. Una voz profunda llegó débilmente hasta el barco. Debía de haber gritado. Repentinamente cayó hacia atrás. La camilla osciló cuando los camilleros caminaron de nuevo hacia adelante, y al mismo tiempo observé que la multitud de salvajes se desvanecía con movimientos del todo imperceptibles, como si el bosque que había arrojado súbitamente aquellos seres se los hubiera tragado de nuevo, como el aliento es atraído en una prolongada aspiración. "Algunos peregrinos, detrás de las parihuelas, llevaban preparadas las armas: dos escopetas, un rifle pesado y un ligero revólver carabina; los rayos de aquel Júpiter lastimoso. El director se inclinaba sobre él y murmuraba algo mientras caminaba. Lo colocaron en uno de los pequeños camarotes, el espacio justo para una cama y una
o dos sillas de campaña. Le habíamos llevado su correspondencia atrasada, y un montón de sobres rotos y cartas abiertas se esparcía sobre la cama.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
>>>
Páginas
1-50
51-98
|