Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad)

El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad) - pág.73

Indice General | Volver

Página 73 de 98


El ruso me explicaba que sólo recientemente había vuelto el señor Kurtz al río, trayendo consigo a aquellos hombres de la tribu del lago. Había estado ausente durante varios meses (haciéndose adorar, supongo), y había vuelto inesperadamente, con la intención al parecer de hacer una excursión por las orillas del río. Evidentemente el ansia de marfil se había apoderado de (¿cómo llamarlas?) sus aspiraciones menos materiales. Sin embargo, había empeorado de pronto. ´Oí decir que estaba en cama, desamparado, así que remonté el río. Me aventuré a hacerlo´, dijo el ruso. ´Se encuentra muy mal, muy mal.´ "Dirigí los binoculares hacia la casa. No se veían señales de vida, pero allí estaba el techo arruinado, la larga pared de barro sobresaliendo por encima de la hierba, con tres pequeñas ventanas cuadrangulares, de un tamaño distinto. Todo aquello parecía al alcance de mi mano. Después hice un movimiento brusco y uno de los postes que quedaban de la desaparecida empalizada apareció en el campo visual de los gemelos. Recordad que he dicho que me habían llamado la atención, a distancia, los intentos de ornamentación que contrastaban con el aspecto ruinoso del lugar. En aquel momento pude tener una visión más cercana, y el primer resultado fue hacerme echar hacia atrás la cabeza, como si hubiese recibido un golpe. Entonces examiné con mis lentes cuidadosamente cada poste, y comprobé mi error. Aquellos bultos redondos no eran motivos ornamentales sino simbólicos. Eran expresivos y enigmáticos, asombrosos y perturbadores, alimento para la mente y también para los buitres, si es que había alguno bajo aquel cielo, y de todos modos para las hormigas, que eran lo suficientemente industriosas como para subir al poste. Hubieran sido aún más impresionantes, aquellas cabezas clavadas en las estacas, si sus rostros no hubiesen estado vueltos hacia la casa. Sólo una, la primera que había contemplado, miraba hacia mí. No me disgustó tanto como podríais imaginar. El salto hacia atrás que había dado no había sido más que un movimiento de sorpresa. Yo había esperado ver allí una bola de madera, ya sabéis. Volví a enfocar deliberadamente los gemelos hacia la primera que había visto. Allí estaba, negra, seca, consumida, con los párpados cerrados... Una cabeza que parecía dormitar en la punta de aquel poste, con los labios contraídos y secos, mostrando la estrecha línea de la dentadura. Sonreía, sonreía continuamente ante un interminable y jocoso sueño. "No estoy revelando ningún secreto comercial.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 >>>

Páginas  1-50   51-98  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados