El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad) - pág.41
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"Para entonces yo estaba del todo despierto. Permanecía acostado tal como estaba, sin cambiar de postura. ´¿Cómo ha logrado abrirse paso todo ese marfil?´, explotó de pronto el más anciano de los dos, que parecía muy contrariado. El otro explicó que había llegado en una flotilla de canoas, a las órdenes de un mestizo inglés que Kurtz tenía a su servicio. El mismo Kurtz, al parecer, había tratado de hacer el viaje, por encontrarse en ese tiempo la estación desprovista de víveres y pertrechos, pero después de recorrer unas trescientas millas había decidido de pronto regresar, y lo hizo solo, en una pequeña canoa con cuatro remeros, dejando que el mestizo continuara río abajo con el marfil. Los dos hombres estaban sorprendidos ante semejante proceder. Trataban de encontrar un motivo que explicara esa actitud. En cuanto a mí, me pareció ver por primera vez a Kurtz. Fue un vislumbre preciso: la canoa, cuatro remeros salvajes; el blanco solitario que de pronto le daba la espalda a las oficinas principales, al descanso, tal vez a la idea del hogar, y volvía en cambio el rostro hacia lo más profundo de la selva, hacia su campamento vacío y desolado. Yo no conocía el motivo. Era posible que sólo se tratara de un buen sujeto que se había entusiasmado con su trabajo. Su nombre, sabéis, no había sido pronunciado ni una sola vez durante la conversación. Se referían a ´aquel hombre´. El mestizo que, según podía yo entender, había realizado con gran prudencia y valor aquel difícil viaje era invariablemente llamado ´ese canalla´. El ´canalla´ había informado que ´aquel hombre´ había estado muy enfermo; aún no se había restablecido del todo... Los dos hombres debajo de mí se alejaron unos pasos; paseaban de un lado a otro a cierta distancia. Escuché: ´puesto militar... médico... doscientas millas... ahora completamente solo... plazos inevitables... nueve meses... ninguna noticia... extraños rumores´. Volvieron a acercarse. Precisamente en esos momentos decía el director: ´Nadie, que yo sepa, a menos que sea una especie de mercader ambulante, un tipo malvado que les arrebata el marfil a los nativos. "¿De quién hablaban ahora? Pude deducir que se trataba de algún hombre que estaba en el distrito de Kurtz y cuya presencia era desaprobada por el director. ´No nos veremos libres de esos competidores de mala fe hasta que colguemos a uno para escarmiento de los demás´, dijo. ´Por supuesto´, gruñó el otro.
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