Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad)

El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad) - pág.28

Indice General | Volver

Página 28 de 98


Había servido allí tres periodos de tres años... Una salud triunfante en medio de la derrota general de los organismos constituye por sí misma una especie de poder. Cuando iba a su país con licencia se entregaba a un desenfreno en gran escala, pomposamente. Marinero en tierra, aunque con la diferencia de que lo era sólo en lo exterior. Eso se podía deducir por la conversación general. No era capaz de crear nada, mantenía sólo la rutina, eso era todo. Pero era genial. Era genial por aquella pequeña cosa que era imposible deducir en él. Nunca le descubrió a nadie ese secreto. Es posible que en su interior no hubiera nada. Esta sospecha lo hacía a uno reflexionar, porque en el exterior no había ningún signo. En una ocasión en que varias enfermedades tropicales hablan reducido al lecho a casi todos los ´agentes´ de la estación, se le oyó decir: ´Los hombres que vienen aquí deberían carecer de entrañas.´ Selló la frase con aquella sonrisa que lo caracterizaba, como si fuera la puerta que se abría a la oscuridad que él mantenía oculta. Uno creía ver algo... pero el sello estaba encima. Cuando en las comidas se hastió de las frecuentes querellas entre los blancos por la prioridad en los puestos, mandó hacer una inmensa mesa redonda para la que hubo que construir una casa especial. Era el comedor de la estación. El lugar donde él se sentaba era el primer puesto, los demás no tenían importancia. Uno sentía que aquélla era su convicción inalterable. No era cortés ni descortés. Permanecía tranquilo. Permitía que su ´muchacho´, un joven negro de la costa, sobrealimentado, tratara a los blancos, bajo sus propios ojos, con una insolencia provocativa. "En cuanto me vio comenzó a hablar. Yo había estado demasiado tiempo en camino. Él no podía esperar. Había tenido que partir sin mí. Había que revisar las estaciones del interior. Habían sido tantas las dilaciones en los últimos tiempos que ya no sabía quién había muerto y quién seguía con vida, cómo andaban las cosas, etcétera. No prestó ninguna atención a mis explicaciones, y, mientras jugaba con una barra de lacre, repitió varias veces que la situación era muy grave, muy grave. Corrían rumores de que una estación importante tenía dificultades y de que su jefe, el señor Kurtz, se encontraba enfermo. Esperaba que no fuera verdad. El señor Kurtz era... Yo me sentía cansado e irritado.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-98  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados