El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad) - pág.24
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Sin concentración es extremadamente fácil cometer errores en este clima.´ "Un día comentó, sin levantar la cabeza: ´En el interior se encontrará usted con el señor Kurtz.´ Cuando le pregunté quién era el señor Kurtz, me respondió que era un agente de primera clase, y viendo mi desencanto ante esa información, añadió lentamente, dejando la pluma: ´Es una persona notable.´ Preguntas posteriores me hicieron saber que el señor Kurtz estaba por el momento a cargo de una estación comercial muy importante en el verdadero país del marfil, en el corazón mismo, y que enviaba tanto marfil como todos los demás agentes juntos. "Empezó a escribir de nuevo. El enfermo estaba demasiado grave para quejarse. Las moscas zumbaban en medio del silencio.
"De pronto se oyó un murmullo creciente de voces y fuertes pisadas. Había llegado una caravana. Un rumor de sonidos extraños penetró desde el otro lado de los tablones. Todo el mundo hablaba a la vez, y en medio del alboroto se dejó oír la voz quejumbrosa del agente jefe ´renunciando a todo´ por vigésima vez en ese día... El contable se levantó lentamente. ´¡Qué horroroso estrépito!´, dijo. Cruzó la habitación con paso lento para ver al hombre enfermo y volviéndose añadió: ´Ya no oye´ ´¡Cómo! ¿Ha muerto?´, le pregunté, sobresaltado. ´No, aún no´, me respondió con calma. Luego, aludiendo con un movimiento de cabeza al tumulto que se oía en el patio del campamento, añadió: ´Cuando se tienen que hacer las cuentas correctamente, uno llega a odiar a estos salvajes, a odiarlos mortalmente.´ Permaneció pensativo por un momento. ´Cuando vea al señor Kurtz´, continuó, ´dígale de mi parte que todo está aquí´, señaló al escritorio, ´registrado satisfactoriamente. No me gusta escribirle... con los mensajeros que tenemos nunca se sabe quién va a recibir la carta... en esa Estación Central.´ Me miró fijamente con ojos afectuosos: ´Oh, él llegará muy lejos, muy lejos. Pronto será alguien en la administración. Allá arriba, en el Cons ejo de Europa, sabe usted... quieren que lo sea.´ "Volvió a sumirse en su labor. Afuera el ruido había cesado, y, al salir, me detuve en la puerta. En medio del revoloteo de las moscas, el agente que volvía a casa estaba tendido ardiente e insensible; el otro, reclinado sobre sus libros, hacía perfectos registros de transacciones perfectamente correctas; y cincuenta pies más abajo de la puerta podía ver las inmóviles fronteras del foso de la muerte.
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