Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El agente secreto (Joseph Conrad)

El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.190

Indice General | Volver

Página 190 de 205


. de los despachos del Barón Stott-Wartenheim; un servidor de la ley y el orden, leal, confiable, certero, admirable, con una única afable debilidad: la creen­cia idealista de sentirse amado por sí mismo.
Ossipon buscó a tientas su camino de regreso, a través de la at­mósfera sofocante, ahora negra como la tinta, hacia el mostrador. La voz de Mrs. Verloc, parada en medio del negocio, vibraba en esa ne­grura, a sus espaldas, con una desesperada protesta.
-No me colgarán, Tom. No lo harán...
Calló. Ossipon, desde el mostrador, formuló una advertencia.
-No grite así.- Luego pareció reflexionar profundamente.- ¿Usted sola lo hizo?- preguntó en un tono hueco, pero calmo, con apariencia de dominio, que infundió en el corazón de Mrs. Verloc agradecida confianza en la fuerza de esa protección.
-Sí- susurró, invisible.
-No lo hubiera creído posible- musitó él-. Nadie lo creería.- Ella lo oyó moverse y escuchó el sonido de una cerradura en la puerta del salón. El camarada Ossipon había echado llave sobre el reposo de Mr. Verloc; y lo hizo no por reverencia ante la naturaleza eterna de ese descanso o cualquier otra consideración oscura y sentimental, sino por la exacta razón de que no estaba demasiado seguro acerca de si habría
o no alguien más escondido en algún lugar de la casa. No confiaba en la mujer, o más bien se sentía incapaz en ese momento de juzgar qué era verdadero, posible e incluso probable en este pasmoso universo. Estaba aterrado hasta más allá de toda capacidad de creer o desconfiar en los recovecos de este extraordinario asunto, que empezara con ins­pectores de policía y embajadas y sabe Dios dónde terminaría... en el patíbulo, para alguien. Estaba aterrado ante el pensamiento de que no podía probar qué uso de su tiempo había hecho desde las siete de la tarde, porque había estado remoloneando alrededor de Brett Street. Sentía espanto ante esta mujer salvaje que lo había llevado allí y acaso quisiera hacerlo cómplice de ella, si no obraba con cuidado. Estaba aterrado por la rapidez con la que se había visto envuelto en semejante peligro- por cómo había caído. Hacía no más de veinte minutos que Ossipon la había encontrado.
La voz de Mrs. Verloc se elevó, sumisa, suplicando lastimosa:
-¡No deje que me cuelguen, Tom! Lléveme fuera del país. Traba­jaré para usted. Seré su esclava. Lo amaré: no tengo a nadie en el mun­do... ¿Quién querrá mirarme si usted no lo hace?- Calló por un mo­mento; luego, en las profundidades de la soledad que la había rodeado con un hilo de sangre surgiendo del mango de un cuchillo, encontró una inspiración espantosa para ella- que había sido la respetable mu­chacha de la mansión de Belgravia, la leal, respetable mujer de Mr.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-205  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados