El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.169
Indice General
|
Volver
Página 169 de 205
Verloc. Podía deslizarse junto a él, abrir la puerta, escapar. Pero él se precipitaría tras ella, tomaría su cuerpo pleno, la llevaría otra vez al negocio. Podía arañarlo, patearlo, golpearlo... y también darle una puñalada; para eso necesitaba un cuchillo. Mrs. Verloc permanecía sentada, quieta, bajo su velo negro, en su propia casa, como una visitante enmascarada y misteriosa, de impenetrables intenciones.
La magnanimidad de Mr. Verloc era nada más que humana. Y, al fin, ella lo había exasperado.
-¿No puedes decir algo? Tienes tus propias vueltas para hacer enojar a un hombre. Conozco tus tretas de sordomuda. Ya te he visto así antes. Pero ahora no lo soporto. Y para empezar, quítate esa maldita cosa. Uno no sabe si está hablando con un maniquí o con una mujer viva.
Avanzó, estiró la mano y le arrancó el velo, desenmascarando la cara todavía inexpresiva, contra la cual su exasperación nerviosa se hizo añicos como una burbuja de vidrio que cayese contra una roca.
-Así está mejor- dijo, para tapar su momentáneo embarazo, y se retiró a su antigua posición junto a la chimenea. No se le había ocurrido nunca que su mujer pudiera abandonarlo. Se sentía un poco avergonzado de sí mismo, porque le tenía cariño y era generoso. ¿Qué podía hacer? Ya todo estaba dicho. Protestó con vehemencia.
-¡Por Dios! Sabes que me han perseguido por todas partes. He corrido el riesgo de que me liquidaran para encontrar a alguien para este maldito trabajo. Y te digo otra vez que no pude encontrar a nadie bastante loco o bastante hambriento. ¿Por quién me tomas, por... un asesino o qué? El muchacho se ha ido. ¿Crees que yo quería que él se volara en pedazos? Se ha ido. Sus problemas se terminaron. Los nuestros recién están empezando, te digo, precisamente porque él se voló a sí mismo. No te lo reprocho. Pero trata de entender que fue un mero accidente; igual que si se hubiese caído bajo un ómnibus al cruzar una calle.
Su generosidad no era infinita, porque él era un ser humano- y no un monstruo, como creía de él Mrs. Verloc. Hizo una pausa y un gruñido le levantó los bigotes por encima de un destello de dientes blancos, dándole la expresión de una bestia reflexiva, no muy peligrosa; una bestia pesada, de cabeza lisa, más tenebrosa que una foca, de voz ronca.
-Y si la cosa está así es más por tu responsabilidad que por la mía. Es así. Puedes mirar todo lo que quieras. Sé muy bien hasta dónde puedes llegar con ello. Que me maten si alguna vez pensé en el chico para este asunto. Fuiste tú quien me lo puso en el camino cuando yo estaba medio perdido con la preocupación de mantenernos todos nosotros fuera de líos.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
151
152
153
154
155
156
157
158
159
160
161
162
163
164
165
166
167
168
169
170
171
172
173
174
175
176
177
178
179
180
181
182
183
184
185
186
187
188
189
190
191
192
193
194
195
196
197
198
199
200
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-205
|