El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.138
Indice General
|
Volver
Página 138 de 205
Su voz adquirió un toco de advertencia.
-No se fíe demasiado en lo que pudieron prometerle. Si yo fuera usted, me escabulliría. No creo que corramos en su busca.
Se oyó una corta risa de Mr. Verloc.
-Oh, sí; usted espera que otros lo liberen de mí ¿verdad? Pero no; no se va a zafar de mí ahora. He sido un hombre derecho para esta gente, por demasiado tiempo, y ahora todo se va a saber.
-Hágamelo saber, entonces- asintió la voz indiferente del jefe Inspector Heat.. Dígame ¿cómo escapó?
-Estaba caminando por Chesterfield- escucho Mrs. Verloc que decía la voz de su marido- cuando oí el estallido. Salí corriendo. Niebla. No vi a nadie hasta que pasé la punta de George Street. Hasta ahí no encontré a nadie.
-¡Muy simple!- se maravilló la voz del jefe Inspector Heat. El estampido lo asustó ¿eh?
-Sí; llegó demasiado pronto- confesó la voz fúnebre de Mr, Verloc.
Mrs. Verloc apretó su oído contra el agujero de la cerradura; sus labios estaban azules, sus manos frías como hielo, y su pálido rostro, en el que los ojos parecían dos agujeros negros, parecía envuelto en llamas.
Al otro lado de la puerta las voces se debilitaron. Logró entender una que otra palabra, a veces en la voz de su marido, a veces en el tono tranquilo del jefe Inspector. Oyó decir a este último:
-Creemos que tropezó con la raíz de un árbol ¿no?
Hubo un murmullo ronco y voluble que se detuvo por un momento. Luego el jefe Inspector, como si contestara una pregunta, habló con énfasis:
-Por supuesto. Voló en pedacitos: piernas, brazos, grava, ropa, muslos, astillas... todo mezclado. Tuvieron que usar una pala para juntarlo.
Mrs. Verloc saltó de pronto de su posición arrodillada, cerró sus oídos y empezó a ir de un lado a otro entre el mostrador y los estantes que estaban en la pared, detrás de la silla. Sus ojos enloquecidos advirtieron la hoja deportiva que había abandonado el jefe Inspector y, cuando volvió a chocarse con el mostrador, la tomó, se dejó caer sobre la silla, desgarró las páginas optimistas, rosadas, al tratar de abrirlas, y las tiró al suelo. Al otro lado de la puerta, el jefe Inspector Heat decía a Mr. Verloc, el agente secreto:
-¿Entonces su defensa será prácticamente una confesión total?
-Lo será. Voy a contar la historia completa.
-No piense que le van a creer por mucho que fantasee. Y el jefe Inspector se quedó pensativo. El giro que estaba tomando este asunto aclaraba muchas cosas: la existencia menospreciada de importantes campos de conocimiento, que, cultivados por un hombre capaz, tenían un valor específico para el individuo y para la sociedad.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-205
|