Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El agente secreto (Joseph Conrad)

El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.136

Indice General | Volver

Página 136 de 205



-Es de mi hermano, entonces.
-¿Dónde está su hermano? ¿Puedo verlo?- preguntó el jefe Ins­pector con rudeza.
Mrs. Verloc se inclinó un poco más sobre el mostrador.
-No; no está aquí. Yo misma escribí esa etiqueta.
-¿Dónde está su hermano ahora?
-Está afuera, viviendo con... un amigo... en el campo.
-El sobretodo viene del campo. ¿Y cuál es el nombre del amigo?
-Michaelis- confesó Mrs. Verloc en un susurro temeroso.
El Jefe Inspector emitió un silbido. Sus ojos chispearon.
-Justo. Fundamental. ¿Y cómo es su hermano? ¿un muchacho ro­busto, moreno, eh?
-¡Oh, no!- exclamó Mrs. Verloc llena de fervor. Ese debe ser el ladrón. Stevie es delgado y rubio.
-Bien- dijo el jefe Inspector con tono aprobatorio. Y mientras Mrs. Verloc fluctuaba entre la alarma y el asombro, mirándolo con fijeza, el policía buscaba información. ¿Por qué había cosido la direc­ción del lado de adentro del abrigo? Y escuchó que los mutilados res­tos que había inspeccionado esa mañana con extrema repugnancia eran los de un joven nervioso, un poco ausente, un poco raro, y también que la mujer que le estaba hablando se había hecho cargo de ese muchacho
desde que él había nacido.
-¿Fácilmente excitable?- sugirió el policía.
-Oh, sí. Lo es. ¿Pero cómo llegó a perder el abrigo...
El jefe Inspector Heat de pronto sacó del bolsillo un diario rosado que había comprado poco antes. Se interesaba por los caballos. Forza­do por su oficio a adoptar una pareja actitud de duda y sospecha frente a sus conciudadanos, el jefe Inspector Heat vivificaba el instinto de credulidad inserto en el pecho humano, poniendo fe ilimitada en los profetas deportivos de esa particular publicación nocturna. Dejó la edición extra especial sobre el mostrador y metió otra vez la mano en el bolsillo, de donde sacó el fatal trozo de tela que había encontrado entre un montón de cosas recogidas, en apariencia, en mataderos o compraventas. Lo ofreció a Mrs. Verloc para su inspección.
-¿Reconoce esto, no?
La mujer lo tomó con un movimiento mecánico de sus dos ma-nos. Los ojos parecían agrandarse cada vez más.
-Sí- susurró, luego levantó la cabeza y se tambaleó apenas hacia atrás-. ¿Para qué lo rompieron así?
El jefe Inspector, por encima del mostrador, le sacó de las manos el trozo de tela y la mujer se desplomó sobre la silla. El policía pensó: la identificación es perfecta. Y en ese momento tuvo un panorama del conjunto asombroso de la verdad. Verloc era el «otro hombre».
-Mrs. Verloc se me ocurre que acerca de este asunto de la bomba usted sabe más de lo que usted misma cree saber.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-205  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados