El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.133
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Verloc, se hubo aquietado. Sólo después se cercioró de la suma, sacando las conclusiones del caso. Luego echó una larga mirada a su alrededor, con aire desconfiado en medio del silencio y la soledad de la casa. Este habitáculo de su vida de casada le pareció tan solitario e inseguro como si estuviese en medio de un bosque. Todos los lugares del sólido mobiliario le parecían endebles y muy tentadores para su idea de lo que era un ladrón. Se trataba de una concepción ideal, dotada de sublimes facultades y una milagrosa perspicacia. En el cajón no había que pensar. Era lo primero que un ladrón miraría. Mrs. Verloc, desabrochando un par de ganchos, ocultó el libro de bolsillo bajo la blusa de su vestido. Una vez que acomodó así el capital de su marido, se sintió bastante contenta al oír el tintineo de la campanilla de la puerta anunciando la llegada de alguien. Asumió la expresión imperturbable, tranquila, reservada para los clientes casuales, y entró por detrás del mostrador.
Un hombre parado en medio del negocio lo estaba inspeccionando con una mirada rápida, fría, abarcadora. Sus ojos recorrieron las paredes, tocaron el cielo raso, repararon en el piso, todo en un momento. Las puntas de un largo bigote claro caían por debajo de la mandíbula. Sonreía con la sonrisa de un viejo conocido, pero distante, y Mrs. Verloc recordó haberlo visto antes. No era un cliente. Suavizó su mirada para clientes hasta la simple indiferencia y lo enfrentó por encima del mostrador.
El hombre se aproximó, confiado pero no en exceso.
-¿Está su marido, Mrs. Verloc?- preguntó con un tono fácil, abierto.
-No. Ha salido.
-Lo lamento. He venido a pedirle una información un tanto privada.
Era la exacta verdad. El Jefe Inspector Heat había hecho el cami-no completo hasta su casa e incluso llegó a pensar en meterse dentro de sus pantuflas ya que, según se dijo, prácticamente lo habían sacado del caso. Se permitió cierto desdén y algunos pensamientos airados, pero enseguida comprendió que esa ocupación era poco satisfactoria, de modo que resolvió buscar consuelo fuera de su casa. Nada le impedía hacer una amistosa visita a Mr. Verloc en forma casual, por así decir. En su carácter de ciudadano privado, caminó: hacía uso de sus medios particulares de transporte. Su dirección general confluía hacia la casa de Mr, Verloc. El Jefe Inspector Heat respetaba tan a fondo su independencia que se tomó especiales trabajos para evitar a todos los policías de consigna o patrulla en las vecindades de Brett Street. Esta precaución era mucho más necesaria en un hombre de su posición que para un oscuro Subjefe de Policía. El ciudadano particular Heat hizo su entrada en la calle maniobrando de un modo que, de haber sido un miembro del hampa, se lo hubiese calificado de escape.
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