Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El agente secreto (Joseph Conrad)

El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.122

Indice General | Volver

Página 122 de 205



Allí Mrs. Neale estaba fregando el piso. Cuando apareció Stevie, la mujer remitió un lamento, porque había observado que podía inducir sin trabajo al muchacho a que le otorgara, en beneficio de sus hijitos, el chelín que su hermana Winnie le daba de vez en cuando. De rodillas en el suelo, entre los charcos, mojada y sucia, como una especie de animal anfibio y doméstico que viviese entre los cajones llenos de ceniza y el agua sucia, pronunció su exordio habitual:
-Todo está bien para usted, que no hace nada, como un caballero. Y prosiguió con la sempiterna queja de los pobres, patéticamente em­bustera, miserablemente auténtica a través del horrible vaho de ron barato y jabonaduras. Fregaba con fuerza, gangueando todo el tiempo, hablando con volubilidad. Y era sincera. Y a cada lado de la nariz roja y afilada, sus legañosos ojos opacos nadaban entre lágrimas, porque la pobre sentía de verdad la necesidad de algún estimulante por las maña­nas.
En el salón, Mrs. Verloc observó, conocedora:
-Ahí está otra vez Mrs. Neale con sus desgarradores cuentos acer­ca de sus hijitos. No deben ser tan chicos como ella los pinta. Alguno ya debe ser lo suficientemente grande como para hacer algo que los ayude. Esto pone furioso a Stevie.
Estas palabras encontraron confirmación en un golpe que parecía el de un puño sacudiendo la mesa. En la evolución normal de su sim­patía, Stevie se había enojado al descubrir que no tenía un chelín en el bolsillo. En su incapacidad de aliviar de inmediato las privaciones poco divertidas de Mrs. Neale, sentía que había que hacerle sufrir eso a alguien. Mrs. Verloc se levantó y fue a la cocina para «detener esa insensatez». Y lo hizo con firmeza pero gentilmente. Bien sabía que apenas recibía su paga, Mrs. Neale iba a la vuelta de la esquina a beber sus copitas en una humilde y rancia taberna inconfesable estación en la vía dolorosa de su vida. El comentario de Mrs. Verloc acerca de esta práctica tuvo una profundidad inesperada, ya que provenía de una persona no afecta a mirar por debajo de la superficie de las cosas.
-¿Por supuesto, qué puede hacer para mantenerse? Si yo estuviera en el lugar de Mrs. Neale supongo que no actuaría de otra manera.
En la tarde de ese mismo día, cuando Mr. Verloc después de dar cuenta de la última de una larga serie de siestecitas junto al fuego del salón, anunció su intención de salir a dar un paseo, Winnie le dijo desde el negocio:
-Quisiera que te llevaras a ese muchacho contigo, Adolf.
Por tercera vez en ese día Mr. Verloc se sorprendió. Le echó a su mujer una mirada fija y estúpida.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-205  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados