Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El agente secreto (Joseph Conrad)

El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.114

Indice General | Volver

Página 114 de 205


Y Stevie sabía qué significa ser golpeado. Lo sabía por expe­riencia. Era un mundo perverso. ¡Perverso! ¡Perverso!
Mrs. Verloc, su única hermana, guardiana y protectora, no podía suponer tales profundidades de pensamiento. Además, ella no había experimentado la mágica elocuencia del cochero, y nada sabía de los
fundamentos de la palabra «vergüenza». Dijo, entonces, con calma:
-Vamos, Stevie. No puedes remediar esto.
El dócil Stevie fue tras ella; pero ahora caminaba sin bríos, vaci­lante, murmurando medias palabras e incluso palabras que hubieran podido ser enteras si no hubiesen estado compuestas por mitades que no tenían relación entre sí. Era como si intentara adecuar a sus senti­mientos todas las palabras que podía recordar para obtener una especie de idea orgánica. Se detuvo para articularla ni bien la percibió.
-Mundo malo para la pobre gente.
Tan pronto como había expresado este pensamiento, comprendió que ya le era familiar en todas sus consecuencias. Esta circunstancia reforzó su convicción al infinito, pero también acrecentó su indigna­ción. Sentía que alguien debía ser castigado por todo ello... castigado con gran severidad. Como no era un escéptico, sino una criatura moral, estaba a merced de sus justas pasiones.
-¡Bestial! agregó, conciso.
Para Mrs. Verloc estaba claro que el muchacho tenía una gran ex­citación.
-Nadie puede solucionarlo. Vamos, sigamos. ¿Así es como cuidas de mí?
Stevie retomó el camino, obediente. Se enorgullecía ante sí mis-mo de ser un buen hermano. Su moralidad, muy elevada, se lo exigía. Sin embargo estaba apenado por la información que le había dado su hermana Winnie, que era buena. ¡Nadie puede solucionarlo! Siguió caminando con una expresión sombría, pero de pronto se le alegró la cara. Como el resto de los hombres, confundido ante el misterio del universo, tenía sus momentos de consoladora fe en los poderes terres­tres organizados.
-La policía- sugirió lleno de confianza.
-La policía no es para eso- observó Mrs. Verloc, como al descui­do, apretando el paso.
Stevie puso una notable cara larga. Estaba pensando. Cuanto más intenso su pensamiento, tanto más colgaba su labio inferior. Y fue con un aire de desesperanzada estupidez que renunció a su empresa inte­lectual.
-¿Para eso no?- murmuró resignado pero sorprendido-. ¿Para eso no?
En su mente se había formado una concepción ideal de la policía metropolitana, a la que consideraba una especie de institución benevo­lente que se dedicaba a suprimir el mal. En especial la noción de bene­volencia estaba en estrecha asociación con su sentido del poder de los hombres de azul. Quería con ternura a todos los agentes de policía, con cándida confianza. Y estaba apenado. También se sentía irritado por la sospecha de una duplicidad en los miembros de esa fuerza.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-205  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados