Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El agente secreto (Joseph Conrad)

El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.110

Indice General | Volver

Página 110 de 205



Le habían pagado decentemente- cuatro monedas de un chelín- y contemplaba ese dinero como si tuviera en la mano los sorprendentes datos de un melancólico problema. El lento traspaso de ese tesoro a un bolsillo interno demandó laboriosos tanteos en las profundidades del saco raído. Estaba encorvado sin flexibilidad. Stevie, delgado, con los hombros un poco levantados, las manos metidas muy hondo en los bolsillos de su abrigado sobretodo, permanecía parado en el borde de la vereda, haciendo pucheros.
El cochero, en una pausa de sus cautos movimientos, se detuvo ante un brumoso recuerdo.
-¡Oh! aquí está el mocito. ¿Lo va a reconocer, no es cierto?
Stevie observaba al caballo, cuyos cuartos traseros se habían le­vantado en exceso por efecto de la falta de carga. La cola corta y tiesa estaba fija en su sitio como si fuera, más bien, una broma pesada; y en la otra punta, el cogote flaco y chato, como un tablón cubierto con un viejo cuero de caballo, se inclinaba hacia el suelo, bajo el peso de una cabeza huesuda. Las orejas colgaban en ángulos distintos, con negli­gencia; desde la macabra figura de este mudo habitante terrestre, de sus costillas y patas, surgía un vaho tenue que se iba a perder en la calma húmeda del aire.
El cochero tocó apenas el pecho de Stevie con el gancho de hierro que sobresalía de una manga raída y grasienta.
Fíjese, machito ¿le gustaría a usted sentarse atrás de este caballo hasta las dos o las tres de la mañana?
Stevie miraba con fijeza los fieros ojitos de párpados rojizos.
-No está lisiado- siguió el otro, silbando con energía-. Ése no tie-ne mataduras. Ahí está. Le gustaría a usted...
La voz tensa, estrangulada, hacía afirmaciones llenas de vehe­mente reserva. De la fijeza vacía, la mirada de Stevie iba pasando de a poco al temor.
-¡Puede mirarlo bien! Hasta las tres o las cuatro de la mañana. Muerto de frío y de hambre. Esperando pasajeros. Borrachos.
Sus mejillas purpúreas y joviales estaban erizadas de pelos blan­cos; y como el Sileno de Virgilio que, con la cara embadurnada del jugo de las uvas, hablaba de los dioses Olímpicos a los inocentes pasto­res de Sicilia, el cochero hablaba a Stevie de temas domésticos y de los asuntos de los hombres, cuyos sufrimientos son grandes y su inmorta­lidad de ningún modo está asegurada.
-Soy un cochero nocturno, soy- susurró con algo así como una exasperación jactanciosa-. Y tengo que agarrar lo que se les antoje darme por cuadra. Tengo a mi patrona y cuatro chicos en casa.
La monstruosa índole de esa declaración de paternidad confundió al universo.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-205  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados