Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El agente secreto (Joseph Conrad)

El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.108

Indice General | Volver

Página 108 de 205


Lo habían aceptado junto con su madre, algo así como lo que había ocurrido con el mobiliario de la casa de Belgravia, como si fuera una pertenencia más de su madre. Y se preguntaba a sí misma (porque la madre de Mrs. Verloc era ima­ginativa, además) «¿qué pasará cuando yo me muera?» Y al plantearse esa pregunta, lo hacía con miedo. También era terrible pensar que entonces ya no tendría medios para saber qué iría a pasar con el pobre muchacho. Pero al dejarlo a cargo de su hermana, yéndose de la casa, otorgaba al chico la ventaja de una posición de directa dependencia. Ésta era la sutileza que justificaba el heroísmo e inescrupulosidad de la madre de Mrs. Verloc. Su acto de abandono en realidad constituía una medida para asegurar una posición permanente para su hijo, en vida. Otras gentes hacen sacrificios materiales con tal objetivo, ella lo hacía de este modo. Era su único modo. Además, estaría en condiciones de ver cómo seguía la cosa. Mal o bien, se libraría de la horrible incerti­dumbre en el lecho de muerte. Pero era duro, duro, cruelmente duro.
El coche rechinaba, retintineaba, traqueteaba. Por su despropor­cionada violencia y magnitud, el ruido arrasaba con toda sensación de movimiento de avance; y el efecto era el de estar siendo sacudidas en una máquina inmóvil, algo así como un instrumento medieval para el castigo del crimen, o en alguna invención reciente para curar hígados perezosos. Era toda una penuria y, al elevarse, la voz de la madre de Mrs. Verloc sonó como un lamento.
-Yo sé, querida, que irás a verme todas las veces que puedas ¿no es cierto?
-Por supuesto- contestó Winnie, breve, mirando siempre hacia adelante.
Y el coche traqueteaba frente a un ahumado y grasiento negocio, alumbrado a gas y con olor a pescado frito.
La vieja elevó otra vez su lamento.
-Y además, querida, tengo que ver a ese pobre muchacho todos los domingos. No pondrá inconvenientes en pasar el día con su vieja madre...
Winnie exclamó, impasible:
-¡Inconvenientes! Pienso que no. Ese pobre chico te va a echar de menos. Es cruel; quisiera que hubieras pensado un poco en eso, mamá.
¡No haberlo pensado! La heroica mujer tragó algo que, a los sal­tos y con dificultades, como una bola de billar, había tratado de salir de su garganta. Winnie permaneció muda por un rato, mirando enfurruña­da hacia adelante; luego hizo chasquear las palabras, cosa inusual en ella:
-Me parece que voy a tener trabajo con él, en adelante; va a pa­sársela desvelado...
-Hagas lo que hagas, no permitas que tu marido se ocupe de él, querida.
Así discutieron en términos íntimos las líneas de una nueva situa­ción.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-205  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados