Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El agente secreto (Joseph Conrad)

El agente secreto (Joseph Conrad) - pág.102

Indice General | Volver

Página 102 de 205



Favoreció, pues, a su hija con una exhaustiva respuesta llena de nombres y enriquecida por comentarios laterales sobre los estragos que el tiempo producía en las facciones humanas. Los nombres eran los de dueños de hoteles con licencia para expendio de bebidas «amigos del pobre papito, querida». Abundó con especial aprecio en la bondad y condescendencia de un importante cervecero, baronet y miembro del Parlamento, presidente de la Junta de Administradores de entidades de beneficencia. Sus expresiones de calidez se debían a que este personaje le había concedido una entrevista a través de su secretario privado- «un caballero muy refinado, todo de negro, con una voz triste, gentil, pero muy, muy suave y tranquila. Era una sombra, querida».
Winnie, que había prolongado la operación de limpieza hasta el fin del relato, salió de la sala y fue a la cocina (dos escalones abajo) con su modo habitual, sin comentarios.
Tras enjugar unas pocas lágrimas, signo de regocijo ante la man­sedumbre de su hija frente a este asunto terrible, la madre de Mrs. Verloc dio aplicación a su astucia en la cuestión del mobiliario, que era de su pertenencia personal, aunque a veces hubiera deseado que no lo fuera. El desprendimiento heroico está muy bien, pero hay circunstan­cias en las que la disponibilidad de unas mesas y sillas, unas camas de bronce y otras cosas por el estilo, puede ser origen de situaciones de­sastrosas. Necesitaba algunos objetos para sí misma, ya que la Funda­ción que, luego de muchas peticiones, la había acogido en su seno caritativo otorgaba a su solicitud nada más que un piso pelado y unas paredes ordinariamente empapeladas. La delicadeza que presidió su selección llevándola a las cosas menos valiosas y utilizables, pasó inadvertida, porque la filosofía de Winnie se fundaba en ignorar las motivaciones de los hechos: tan sólo estimó que su madre habría toma­do lo que mejor le venía. En cuanto a Mr. Verloc, su intensa medita­ción, como una especie de muralla china, lo aislaba por entero de los fenómenos de este mundo de esfuerzos vanos e ilusoria apariencia.
Hecha su selección, disponer del resto de sus bienes devino un problema enmarañado y en cierto sentido singular. Por supuesto que los iba a dejar en Brett Street. Pero ella tenía dos hijos. Winnie estaba a salvo, gracias a su sensata unión con Mr. Verloc, ese marido excelente. Stevie era un indigente... y también algo particular. Había que conside­rar su posición según los principios de la justicia legal y por encima de las tentaciones de parcialidad. La posesión de los muebles no iba a ser un seguro para él. Tendría que haberlos heredado, el pobrecito. Pero dárselos implicaría entrometerse con su posición de completa depen­dencia.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-205  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados